En esta maleta no cabe casi nada- pensó Amira-. Agua, pan, cereales, dos piezas de fruta, unas mantas para cubrirnos por la noche…
-Mamá, ¿dónde vamos?- preguntó Abdel, hijo de la violencia, la pobreza y la ignorancia.
-¡Vamos a hacer el viaje de nuestra vida!- mintió Amira, con una sonrisa.
Pasaron semanas en aquel desierto y Abdel murió de deshidratación. Amira consiguió meterlo en la maleta para poder darle culto al llegar. Ahora pesa más y camina sola.
Lo último que pensó fue en lo afortunado que era su hijo, que había llegado antes.
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