El Barrio de mi Infancia.

El Barrio de mi Infancia.

Mao Guerrero

09/01/2021

Dice una canción del gran Ricardo Cepeda: …” El barrio de mis andanzas. Donde viví a plenitud. Donde transcurrió mi infancia, mi niñez, mi juventud. Con inquietud y embriagado de añoranza. Regreso con la esperanza de pasar mi senectud”, es así el lugar donde naci, en el que se pueden contar los encuentros y desencuentros, la calle de mi barrio; llena de historias de lucha, de vida, de muerte, de sueños, de alegrías y ahora de ausencias…

El barrio de mi infancia, surge de la nada, aparece de la necesidad, crece con las penurias presentes en ese momento determinado. Esta tiene aires épicos ya que nace en un tiempo muy convulsionado para mi país; año 1958, 23 de enero; fecha de gran significado histórico para todos en Venezuela: ya que tiene lugar; la caída de la Dictadura Militar del General Marcos Pérez Jiménez o como le llama los historiadores el nacimiento de la “democracia venezolana”, que da lugar a la Nueva República.

Y es aquí, en donde se da inicio a este recorrer de vida, que lo sustenta una mujer de origen humilde, trabajadora que con 29 años y una hija a cuestas llega a este potrero, se detiene en medio de esa inmensidad y decide que este será su hogar. Así de la nada y con sus manos empieza la construcción de su familia, sentando las bases de una de las barriadas más representativas de este Estado Táchira; el 23 de Enero de San Cristóbal. Si es mi madre Ana Ramona Gámez, la fundadora de este lugar, la que a través de los años fue testigo de los cambios sociopolíticos de este país.

La que, con fe y esperanza, forjo los ideales de muchos en ese lugar, que de a poco se llenó de ruido, de bulla, de vida, los silencios se convirtieron en susurros, las luces de las luciérnagas dieron paso a luces de velas que posteriormente se transformaron en postes de electricidad, los caminos verdes dieron paso a las calles, veredas y las nacientes se perdieron cuando la modernización llego al lugar en donde no había nada. Y como por arte de magia, llego la muchachada, la alegría, la fiesta, la camaradería.

Hoy a 62 años de su fundación, aunque ya maltrecha, quizá algo cansada, con muchos difuntos y desengaños a cuestas, la calle de mi barrio sigue conservando los recuerdos de los niños que ya son adultos y no viven en este lugar, se ven cara nuevas de quienes llegaron para quedarse…y de los primeros habitantes; sus fundadores hoy se pueden contar con los dedos de una mano los que aún viven…porque las arenas del tiempo, ese inseparable e infaltable amigo se los ha ido llevado de a uno, cumpliendo con la ley universal de vida y muerte.

Los recuerdos que se tienen saben a pertenencia, a identidad, a origen. Regresar allí inunda los corazones de nostalgia, el alma de sentimiento y los ojos se nos llenan de lágrimas, no puedes borrar de tú mente ese lugar porque sin darte cuenta tarde o temprano a pesar de los años o la distancia…siempre regresas a la calle del barrio el lugar donde nací.

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