La calle de mi barrio es particular

La calle de mi barrio es particular

La calle de mi barrio es particular, algunos no se mojan y otros no tienen donde pararse a resguardar. Drogas, gritos, peleas, vecinos que se unen a ayudar; apoyo, risas, familias de calle y en estos días algo más de tranquilidad. Las noches son calmadas al igual que el pronto despertar. Se escuchan los pájaros cantando y la lluvia que golpea el suelo, los tejados y los árboles; sonido que ayuda a descansar. De las calles por aquí cercanas me gustaría resaltar, la globalización de las personas y nuestra diferente nacionalidad. Algo que, aunque algunos vean trágico, a mí me parece digno de admirar. Familias que nos apoyamos porque juntos somos más. Amigos rumanos, paquistanís, africanos, españoles, humanos que olvidando banderas hacemos comunidad. Las casas a veces se quedan pequeñas y te hace reflexionar. Si aquellos que tanto hablan por la tele y de acuerdo no se pusieron, no se ponen y no se pondrán, no robasen lo que no es suyo y señalen y sentencien al que roba una barra de pan. Aquellos que no saben de la sed, el hambre y del no poder más. Que se tapan entre ellos y luego en la tele salen diciendo que todo esta mal, pero tienen parte en empresas que después anuncian productos para la “felicidad”. En estas calles hay personas que se empeñan en mejorar: avenidas, parques, nuestra convivencia y la vecindad. Hay miradas perdidas, miradas bruscas, también de curiosidad. Los y las infantes aún nos recuerdan lo que es sonreír y jugar. Las calles este año han cambiado, hay más espacio para en ellas estar. Aún en estos tiempos complicados muchos de nosotros dudamos de si sabemos como remar ante la adversidad. Miedos, tristeza, odio; la alegría también está. Algunos tiran de supervivencia para poder dar más y más. Otros evaden con urgencia situaciones de malestar. Trabajos de todo tipo, santuarios donde rezar, ya sean iglesia, mezquitas, o bajos para cantar y orar. Situaciones e historias que son herida y te recuerdan lo injusto del mundo. Enseñándote a valorar el regalo de la vida y el aquí estar. No somos causas perdidas, aunque ustedes lo puedan pensar. Sino oportunidad, oportunidad para aquellos que arriesgan su vida, para un significado a esta poderle dar. He visto mujeres repartir comida, dando lo que tienen y más, niños con sus rotas zapatillas sonriendo a su pesar. Con este escrito invito a la humanidad, pues cada persona sola puede estar perdida, pero si actuamos juntos, somos más que una unidad. Quizá llegue el día en que sintamos que cuando uno sufre en este mundo, sufrimos también los demás.

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