Contra el Tiempo.

Contra el Tiempo.

Eita Miing

16/10/2018

—¡Corre! ¡No mires atrás! —Daniel sabe perfectamente que cualquier sonido significa muerte segura. Él sigue gritando. Viendo con deleite cómo una horda de jóvenes huía despavorido, escapando de las punzantes garras de la modernidad. Pero él se dirigía solamente a uno de ellos. El único que pensó nunca lograría salir, Leith.

El joven regresó la cabeza, dándole una última mirada a la persona a la que le debía la vida. Agradeciéndole una vez más sus actos. Formando con sus labios una sonrisa después de deletrear gracias.

—El muy idiota si volteó —murmura para sí mismo Daniel, con tibias lágrimas surcando sus mejillas, devolviéndole la expresión, aunque ya no lo pueda ver—. ¡Vamos Leith! ¡Corre hijo!

Una mano se posa sobre su hombro, indicando que debían irse pronto, los guardias podrían arrestarlos.

—Ya. Ya entendí Crow. Vayámonos —exclama con fastidio el alto hombre al soltar la oscura reja, sus manos estaban completamente manchadas de su negro material— Mierda. Esto no saldrá fácilmente.

Crow le extiende un frasco lleno de líquido que sacó de una bolsa de cuero. Diciéndole en silencio que lo usara, no importa.

—¿Estás seguro? —pregunta, con el otro asintiendo en respuesta— Bueno…

Daniel es sorprendido por el sonido de las armas y los pasos coordinados de los guardias acercándose. Ahora obligado a esconderse, puede por fin dirigir su vista al otro lado, por donde tantos muchachos escaparon. Descubriendo con horror que ellos yacían amarrados en medio del desierto, bocas vendadas y ojos suplicantes.

—¡No! —gritó Daniel al reconocer en uno de ellos a su hijo. Quiso correr a salvarlo, pero fue agarrado con fuerza por Crow— ¡Suéltame!, ¡No ves que allí está Leith!, ¡Tengo que ayudarlo!

Los guardias apuntaron a las cabezas de los jóvenes, disparándoles uno a uno, tranquilamente. No importa que tanto lloraran o suplicaran, a ellos no les causaba remordimiento dañar. Hasta que le tocó el turno a Leith, que condujo sus ojos y se encontró con los de Daniel, despidiéndose por segunda vez.

Adiós papá.

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