Karina la última cibernauta

Karina la última cibernauta

Héctor González

12/10/2018

Karina, deambulaba en busca de algo para comer…

Había mirado tanto la pequeña pantalla que sólo podía entender ese idioma. Su boca olvidó articular palabras por esta razón le es imposible comunicarse con personas normales, les teme y se esconde de ellas. Su aparato celular ya no tiene señal, no queda nadie cerca para interactuar.

Los otros pocos que quedan, por alguna razón pueden hablar, reír, emocionarse y por ende comunicarse; sonríen al observar su alrededor. Ellos son los que nunca dejaron que la tecnología los absorbiera, son esos atípicos que conversaban, los que miraban el paisaje, aquellos que compartían con el perro, el gato y otros.

Karina sólo entiende de caritas dibujadas incorporadas a la comunicación por redes sociales; ahí donde murió la comunicación hablada, el mirarse a los ojos, estrechar las manos, el abrazo efusivo. El lenguaje hablado no era prioridad y la palabra escrita fue desmembrada por los cibernautas en un afán de acortar las palabras usando signos y otras cosas que solo destruyeron el lenguaje que nos caracterizaba como humanos una raza superior que podía comunicarse y podía desarrollarse aprovechando su inteligencia y que estos aparatos han ido deteriorando al hacernos ciber dependientes que no pensamos o sea hemos caído en la escala de la comunicación más bajo que un perro, porque cuando el perro entiende mueve la cola y nosotros humanos ni eso tenemos.

Esta nueva generación creada para vivir a través de una pantalla se hizo llamar terrícolas cibernautas. Empezó la época dorada de teléfonos inteligentes, laptops, Tablet y otras mercancías, adictivas todas y más peligrosas que las otras drogas o el alcohol.

Los gobernadores de las diferentes potencias mundiales, iniciaron una guerra por los satélites que manejan las comunicaciones con las cuales se sustentan las economías de los ciber países

A raíz de esto se enfrentan las tecnologías, se embisten los satélites; han muerto y siguen muriendo muchos de ellos y otros agonizan, como Karina que busca desesperada una señal satelital para seguir viviendo. Recorre lugares buscando poder conectarse para seguir mirando esa pequeña pantalla que absorbe todo su tiempo y atención. Toda su vida está ahí.

La ciudad a oscuras sin moradores es un testigo silente de una era fabulosa en comunicaciones y adelantos que llevaron a los habitantes de la tierra a dividirse en dos bandos los amantes de la naturaleza y la vida y los amantes de las redes sociales y la vida virtual.

Karina camina con los ojos fijos en esta pantalla trata de entender qué pasa, porqué quedó tan sola;aprieta teclas busca aplicaciones más nada funciona.¿debe resignarse a morir? ¿debe resignarse a la soledad? o ¿aprender las viejas técnicas de comunicación?

Me acerco a ella y le digo:

-¡Despierta Karina! ya no hay satélite, el último fue bloqueado ayer.

Disculpen, no me escucha, no me entiende, no puedo saber lo que ella piensa… no tengo aplicación…no hay señal.


Tu puntuación:

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS