Melodía de Recuerdo

Melodía de Recuerdo

Luis A.

27/05/2022

Nació con el don, el niño cabezón – Escuchaba decir cariñosamente a la abuela Sue, mi vecina de al lado, a veces me sentaba afuera de mi casa y sonreía secretamente al escuchar la algarabía con la que se emocionaban los abuelos al escuchar tocar la guitarra de su nieto de 9 años. El abuelo entre risotadas aplaudía ya sea porque le recordaba a él mismo, pues escuche que fue músico en un tiempo pasado y olvidado antes de mi vida.

Ese don del niño que no fue de su padre pero sí de su abuelo y aunque nunca conoció a su padre, su abuelo le enseñó cosas maravillosas que lo hacían soñar sobre las grandezas que le depararía en el futuro. Sueña y anhela infinitamente con los deseos de tu corazón.

Pero quién conoce los anhelos de los corazones, hasta de un niño de 9 años se vuelve un misterio.

Conocía al chiquitín, venía a pedir azúcar u otra cosa y con gusto se lo ofrecía. Esos tiempos eran buenos, eran cosas de mi juventud que no olvidaba, como cuando el niño se perdió y al abuelo casi le da un infarto, pero como bonachón que era Don Pancholon resistió a la embestida que le dio la vida en sus últimos años y él lo sabía. Vaya eso sí que rima.

El niño en su inocente imaginación aunque no era mala idea, se fue con su guitarra a cantar en los autobuses porque sabía de la situación en la que se encontraban cuando el dinero no alcanzaba y aunque por un lado eran risas en el hogar, por el otro habían miradas ausentes de la abuela Sue y Don Pancho, sumidas en los pensamientos del mañana y de un futuro desconocido. Yo sentía algo en mi corazón que no podía explicar en ese entonces de mis emociones juveniles, era una tristeza vaga e inconsciente, ahora pienso que tal vez mi pequeño vecino a su corta edad tuvo que darse cuenta de lo difícil que es la vida y a veces injusta, sé que cuando era más pequeño lo escuchaba preguntar por su madre y lo que debe haber sentido cuando descubrió que nunca iba a regresar de su largo viaje, que existía algo llamado muerte que te arrebata a las personas que quieres más temprano o más tarde sin un adiós, sin una despedida, es una fuerza que no puedes evitar, parece algo irreal pero es real y solo tienes el tiempo que avanza lentamente.

Yo me fui a estudiar lejos y el tiempo no perdonó. Pero vamos… el tiempo no perdona a nadie.

Llegaba por unas semanas al año y cada vez se sentía más silencioso, como una flor marchitándose, y no solo en la casa de al lado sino también en mi casa, todo era más triste y más lejano y dejé de llegar. Mientras más tiempo pasaba, más difícil era llegar y no encontré el camino a casa.

El día que regresé habían pasado unos años y nunca me sentí más protegido y en paz que en casa, es una sensación hermosa. Al preguntar por mis vecinos me doy con la sorpresa de que la agradable Sue y el buen Pancholon ya no estaban con nosotros y que el pequeño niño ahora era un joven que ya no vivía en la casa de al lado. Al fin entendí esa tristeza de mi juventud, es una tristeza al olvido.

Un día escuche una melodía y recordé la melodía que solía tocar el pequeño niño para su abuelo y quise ir a su casa como una forma de despedirme, ingresé por el patio trasero como si estuviera ingresando a mi propia casa, era como si toda mi vida había estado unido a esa casa y a sus integrante de alguna forma, escuche unos ruidos y pensé que debían ser unos jovenzuelos tratando de ingresar pero no eran jovenzuelos era solo un joven que me quedo mirando y su rostro cambió entre asustado y asombrado, que tonto fui que no me di cuenta al instante pues estaba sacando una guitarra de la casa, me lo quedé mirando mientras avanzaba hacia la salida, vestía unos pantalones desgastados y una camisa abierta por la falta de botones pero caminaba seguro de sí mismo, con una convicción, con una meta. Me emocioné al verlo.

-¿Ahora que vas hacer? alcancé a gritarle.

El se detuvo y volteando a mirarme esbozó una sonrisa, instintivamente supe lo que haría, luego se fue caminando entre las calles vacías y entre los árboles que lloraban hojas de otoño.

Yo me quedé ahí observando mientras desaparecía sin darme cuenta inconscientemente que una lágrima bajaba por mi mejilla mientras sonreía.

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