El Registro
El mundo era oscuro. Las calles, como alfombras de adoquines, se extendían en silencio. Los edificios parecían a punto de desplomarse. Gregorio estaba encerrado en una oficina sin puertas. Las paredes, teñidas de un grisáceo mortecino, parecían absorber la escasa luz que se filtraba desde alguna parte. Tras el mostrador, un hombre pequeño, con lentes gruesos...