¿Qué es esa canica que oigo rebotar en el techo por la noche?
¿Alguna vez has oído el sonido de una canica rebotando en el suelo del vecino de arriba?
club de escritura Fundación Escritura(s)-Fuentetaja
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Preocupaciones de un lector de Kafka ¿Alguna vez has oído el sonido de una canica rebotando en el suelo del vecino de arriba?
Ella caminaba sola los domingos por la tarde. Siempre sentía esa horrible sensación de vacío, de no poder encontrar nunca lo que estaba buscando. ¿Cuántas veces sintió el ruido de sus tacones? ¿Cuántas veces no vio, del semáforo, el color? No supo como llegó hasta allí. No le gustaban los sitios concurridos, no son buenos ni...
En un día cualquiera, un escritor se sumerge en su rutina cotidiana, marcada por el orden obsesivo de libros, estatuillas y tareas domésticas. Entre el movimiento constante de objetos y las pausas reflexivas frente a la hoja en blanco, la narración fluye con una mezcla de lo mundano y lo introspectivo. Sin embargo, una presencia inesperada irrumpe en su mundo: unas huellas gigantes atraviesan la alfombra, y un silencio inquietante se cierne sobre el espacio. Al girar, lo imposible se materializa en la forma de un rinoceronte blanco, descomunal y majestuoso, transformando lo cotidiano en un escenario surrealista donde lo extraordinario se impone sin explicación.
El mundo era oscuro. Las calles, como alfombras de adoquines, se extendían en silencio. Los edificios parecían a punto de desplomarse. Gregorio estaba encerrado en una oficina sin puertas. Las paredes, teñidas de un grisáceo mortecino, parecían absorber la escasa luz que se filtraba desde alguna parte. Tras el mostrador, un hombre pequeño, con lentes gruesos...
En un mundo dominado por artificios, donde lo natural ha sido relegado al olvido, Se busca desesperadamente algo auténtico y puro. Durante el caminata, encuentro un objeto extraño e imposible en una acera, que desafía toda lógica y percepción. Al tocarlo, el objeto revela una serie de imágenes y sensaciones que parecen contener verdades ocultas de la realidad, mientras el entorno urbano se desmorona momentáneamente.
Odradek está despierto, sigue rondando su carretel para espantar las formalidades, sus hilachas se adueñan de los rincones y está perfeccionando esporádicos monosílabos. No ha logrado identidad, y ante muy pocas personas se deja ver, yo soy uno de esos, y me creen loco cuando comento sus aventuras. Por cierto es que a Odradek se...
Del otro lado de la calle estaba el huerto del gringo Erik y su extraordinario durazno de frutos blancos. Eran duraznos albinos, como su inventor. Su piel era de un blanco mate, mientras que la pulpa tenía un albor de nieve de la que recordaba la blandura fresca y crujiente. Eran exquisitos; su sabor delicado...
Cuando sea momento de abordar mi gran nave de madera, Cuando las astillas ya no puedan lastimarme, Cuando mi cuerpo esté listo para el viaje, No se cuando, no sé dónde, Espero que nos encontremos ahí, Te dije que todas mis canciones son para ti, Lo son, no mentí, Cuando todos estén listos para verme...
«Las flores de mañana están en las semillas de hoy.» (Proverbio chino) El viaje resultó ajetreado. Ir a la capital de provincia, la dirección mal apuntada en su agenda, el taxista que no dejaba pensar con su parloteo a ningún lado, la consulta, un diagnóstico inesperado. Al regreso, ya en la casa, el timbre sonó...
ABIERTO, rezaba el cartel. Con su labia de cazador suplía la falta de talento con las mujeres. Olfateaba a sus presas como un pointer bien adiestrado, y cuando lo hacía, no las dejaba escapar. Ellas no se fijaban en él más que lo imprescindible para no pisarle. A sus cincuenta kilos se le añadía un...
Mi madre tenía la costumbre de esconder dinero en sus pequeños libros. Y para explicar esta costumbre curiosísima , a quien lo pregunte, y a mí mismo, debo decir que mi madre podía fácilmente convertir la realidad en fantasía. Supongo que en el torbellino que era su alma pudo haber pretendido alguna vez una alquimia...
ORBIL DERRIBADO Lo encontré entre las cosas olvidadas. Hacía muchos años que lo había perdido después del derribo. Lo sostuve un momento entre mis manos, hasta que sentí que palpitaba cálido como un animal dormido. Dichosa, me encerré en mi habitación con su compañía. Durante horas, absorbí cada palabra que se deslizaba entre mis dedos....