Después de que acabe el tiempo

Después de que acabe el tiempo

CAPITULO 1

El tic tac del ostentoso reloj situado en la esquina de la oficina comenzaba a volverse enervante a medida que los segundos pasaban, y el hombre vestido en su impecable traje negro, sentado al otro lado del escritorio, parecía dispuesto a tomarse el mayor tiempo posible en cada acción, lo que solamente hacía disminuir la paciencia del joven. Liam no era como su hermano, él no podía disimular su decepción, su molestia al estar en aquella oficina abarrotada de libros y documentos, sabiendo que Víctor era el que más se había beneficiado con el testamento de su padre. Quizás, él suponía, era lo que le tocaba por no haber seguido los pasos de su hermano, siempre tan correcto, el hijo que Jonathan Harrington siempre había deseado tener. Liam era, sin embargo, un caso muy distinto.

“Solo dígame que es lo que me ha dejado,” repetía el joven, ya por tercera vez, las yemas de sus dedos tamborileaban contra el escritorio, lo que él sabía molestaba al abogado,“si es que queda algo, claro está. Parece ser que Víctor se ha llevado todo lo que vale la pena.”

Sus ojos se movían del viejo abogado al reloj, quizás con la intención de seguir molestando al hombre en venganza por hacerle esperar tanto—los Harrington no esperan por nadie, solía decir su padre.

El abogado, a quien el joven conocía solamente por el nombre de Hemingworth, hombre veterano de impecable bigote grisáceo, simplemente continuó analizando los papeles en su escritorio, como si no hubiera escuchado ni una palabra del joven, lo cual hizo que Liam se enfadara aún más. Liam Harrington no estaba acostumbrado a ser ignorado, especialmente por personas que, técnicamente, trabajaban para él.

“Parece ser que tiene prisa, joven Harrington,” a pesar de que su tono de voz se mantenía completamente seco, un leve tinte de ironía parecía escaparse de sus labios, lo que hizo que Liam pusiera los ojos en blanco, ya sin importarle si parecía grosero o no. El abogado continuó, “la mayoría de mis clientes son así. Jóvenes, sobre todo. Piensan que se les acaba la vida mañana.”

“¿Usted no cree en vivir el presente?” Liam usó el mismo tono de voz sardónico que el abogado, tratando de disimular así su impaciencia, “claro está, a usted no le debe quedar mucho tiempo para vivir así.”

“Quizás,” dijo el viejo, que no parecía afectado por el comentario en lo más mínimo, “es algo humano, sin embargo—le llega a todos. Incluso a usted. Dudo que pueda seguir despilfarrando la herencia de su padre por mucho tiempo más.”

Esto molestó al joven, sin embargo, tan acostumbrado estaba al reproche por su estilo de vida, que simplemente levantó los hombros, el tamborileo sobre el escritorio aumentó su tempo, y dijo, “no creo que a mi padre le siga importando eso, donde quiera que esté,” él sabía que sonaba muy frío al hablar de la muerte de Jonathan, sin embargo, un dejo de resentimiento se dejaba oír en su voz. Él suponía que no era posible extrañar mucho a un hombre que apenas se sentía como un padre.

“Me alegro que tenga la conciencia limpia—oh, aquí está,” murmuró el abogado, y finalmente, tras lo que parecieron los más largos minutos, presentó al joven una fotografía en su característico color sepia—parecía algo antigua, desgastada, doblada en los bordes, y esto hizo que el joven sintiera un pequeño dejo de curiosidad.

Liam la tomó en su mano, y su ceño se frunció al ver la imagen reflejada en la fotografía—una estructura de ladrillo pintada de rojo, un establecimiento pequeño, de ventanas pintorescas y techos bajos, con un cartel que parecía haberse deteriorado con los años. Había algo escrito en él, algo que Liam logró leer tras una pausa: ‘Escarlata’.

“¿Qué es esto?” preguntó el joven, parecía ya muy exasperado, y se notaba que estaba al borde de simplemente largarse de allí.

“Eso,” dijo Hemingworth, señalando la fotografía, “es lo que usted estaba ansiando tanto—su herencia.”

“¿Es una broma?” el tono de voz de Liam se elevó, quizás demasiado, pero a esta altura, él ya estaba harto de mantenerse educado, por lo que bruscamente lanzó la fotografía nuevamente en la mesa, “¡¿me está diciendo que mi padre me dejó nada más que una pocilga como ésta?! ¿Qué, acaso Víctor ya se llevó todo?”

El viejo abogado, una vez más, no pareció afectado por las palabras del joven, ni siquiera por su elevado tono de voz que casi asemejaba un grito. Solo se limitó a entrelazar sus dedos apoyándose en el escritorio, estudiando a Liam en un momento de silencio, como dándole tiempo para que se calmase. Finalmente, dijo, “hay también una carta—su padre me dijo que se la diera junto con los documentos del edificio. Insistió varias veces en que se la hiciera llegar una vez él falleciera.”

“No me interesa,” Liam se dio cuenta que en aquel momento, él se asemejaba a un niño irritado, brazos cruzados y ceño fruncido. Una carta—eso era todo lo que su padre le había dejado? ¿Un viejo edifico decrepito y una carta? Parecía una broma de mal gusto, especialmente después de saber todo lo que había heredado Víctor por ser el hermano mayor. Una vez más, parecía que su padre no pretendía importarle su hijo menor, ni siquiera en la muerte.

Un tenso silencio llenó la oficina, ninguno de los dos hombres dijo nada.

“¿Dónde es este lugar?” Liam preguntó finalmente, con un murmullo que apenas sonó audible, un murmullo de clara resignación, “Nunca lo he visto en mi vida.”

Lo cual le hacía preguntarse cómo había mantenido su padre este edificio en secreto, y más importante, por qué. Quizás su madre supiera algo acerca de él, pero Liam lo dudaba. Su padre siempre había sido un hombre reservado, distante; sin embargo, parecía una pérdida de tiempo y dinero mantener una edificación que se veía completamente abandonada. Jonathan Harrington no era ningún tonto, tenía sin duda un ojo para los negocios, lo cual le había hecho amasar su propia fortuna. La idea de su padre manteniendo esa pocilga parecía irreal. Obviamente, ésta era su forma de castigar a Liam por su alocado estilo de vida—ya varias veces su padre había amenazado con desheredarlo, y parecía que, finalmente, había encontrado la manera de hacerle pagar por su hedonismo. Si no hubiera sido por el hecho de que su padre nunca había tenido sentido del humor, Liam hubiera supuesto que le estaba jugando una broma desde el más allá.

“En uno de los callejones de Lexington Square, no la clase de lugar al usted estará acostumbrado, por supuesto-”

“esa es la zona más vieja de la ciudad. Y la más decrepita.” interrumpió Liam, quién notó en seguida el tono sardónico del abogado, pero se abstuvo de hacer comentarios, “los edificios allí tienen al menos noventa y tantos años. El lugar debe estar en ruinas.”

Un pesado suspiro escapó sus labios, claramente irritado por la situación.

“Creo que sería mejor que usted lo decidiera por sí mismo. El señor Harrington me pidió especialmente que lo escoltara al café Escarlata. No se quedará solamente con una vieja fotografía, no se preocupe.”

Al joven no le hacía ninguna gracia tener que pasar la noche visitando un decrepito café, sin embargo, su testarudez pudo más que el. Quizás, él pensaba, lograría vender aquella pocilga y hacer buen dinero con ella. Por lo tanto, el simplemente asintió con la cabeza después de exhalar otro suspiro, y levantó sus manos en señal de rendición, “Usted sabe dónde es. Lo sigo.”


RESEÑA

Liam Harrington, hijo menor del acaudalado aristócrata Jonathan Harrington, ha pasado su vida evadiendo responsabilidades y despilfarrando la fortuna de su padre, por lo cual, tras la muerte de éste, su decepción al descubrir que de herencia le ha dejado únicamente una carta y un decrepito edificio se hace notar inmediatamente. Reacio, y con la intención de vender aquel viejo café de una buena vez, Liam se adentra en los barrios bajos de la ciudad, descubriendo para su asombro que el café Escarlata, lugar que ha heredado, parece encontrarse en mucho mejor estado por dentro que por fuera—sin embargo, tiene un problema: el edificio se encuentra habitado por tres empleados, quienes parecen ser todo menos normales. Y por alguna razón, su reloj jamás parece funcionar dentro de aquel misterioso establecimiento…

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