El velo
Emily cubrió sus ojos con las manos. Una atmósfera imprecisa de sombra y silencio envolvió la pequeña habitación. Un espacio propio para su defensa, un refugio seguro contra la lógica cortante del día, una caricia oscura que prometía una entrega incondicional al olvido. A sus escasos quince años de vida, Emily no contaba con amigos...