LA ESPERA DE LOS MALVENIDOS

LA ESPERA DE LOS MALVENIDOS

LG David

04/05/2020

Aquella familia numerosa de allende los mares acababa de llegar al puesto de control de la frontera de un estado europeo. Arrastraban grandes y pesadas maletas a punto de reventar. El Padre, visiblemente emocionado, exclamó: «¡Por fin hemos llegado! ¡Aquí está la tierra soñada, llena de oportunidades para todos!». Y, presuroso, se dirigió cortésmente al guardia de turno que estaba detrás de una ventanilla de cristal blindado.

ꟷBuenos días, Señor. Venimos del extranjero con intención de instalarnos en este país ꟷY le entregó los pasaportes al gendarme, quien los miró despectivamente. El recién llegado añadió que querían trabajar pues tanto él, como también su mujer, sabían desempeñarse en múltiples oficios. El guardia no se inmutó y después de un breve, pero a la vez eterno, silencio aseguró que el índice de desempleo era en esos tiempos muy alto. Debían esperar entonces a que los funcionarios de inmigración estudiasen su caso. Con firmeza le pidió al foráneo que se retirase de la entrada a la espera de ser llamado.

El Padre dio media vuelta y volvió a reunirse con su familia que se encontraba expectante y también exhausta, después de un periplo de casi dos días aterrizando en aeropuertos de medio mundo para poder llegar de la forma más económica posible a su destino. Les informó de que todavía debían esperar para poder entrar al que ya consideraban como su nuevo país.

En ese momento se produjo un gran alboroto. Un joven iberoamericano de abundante cabellera negra rizada y vestido con costosa ropa deportiva de marca que jugueteaba de forma hábil, pero infantil, con un balón de fútbol, se acercó rodeado de un séquito de varias personas, y seguidos por fotógrafos de prensa y cámaras de televisión. Uno de los acompañantes del deportista exhibicionista se encargó de hablar con el guardia.

ꟷBuenos días, señor. Soy el representante de Joao Bahiano.

ꟷ¡El famoso futbolista! ꟷExclamó el uniformado abriendo los ojos y sonriendo.

El vigilante salió de su garita para recibir en persona a la célebre estrella del balompié, confesando que era hincha de su club de fútbol y que lo estaban esperando con ilusión y ansiedad. Emocionado, rogó poder hacerse una foto con su ídolo. Se lo permitieron con resignación. Enseguida el astro del balón ingresó por una entrada destinada a la gente muy importante (VIP) y se dirigió a la limusina que lo llevaría a la firma de su contrato multimillonario.

Luego el Padre se volvió a acercar al guardia para comentarle que traían algunos ahorros con intención de empezar su propio negocio. El representante de la autoridad, burlándose, planteó que allí era complicadísimo iniciar un proyecto empresarial. Los trámites podían llegar a ser interminables. Además hacía falta un capital enorme para ello. Y le volvió a ordenar que se apartase para no obstruir la llegada de viajeros.

El Padre retrocedió junto a los suyos, y con cansancio les comentó que había que seguir esperando…

De repente se originó otro barullo cuando un grupo de dignatarios árabes petroleros arribó al puesto de control fronterizo. Vestían con ropa característica del Golfo de Omán. Llevaban modernas gafas de sol y portafolios de piel lustrosa. Se trataba de la comitiva de un jeque de esa región. También eran seguidos por un enjambre de periodistas. El guardia se apresuró otra vez a abandonar su garita.

Salam aleikum, señores. Bienvenidos. Esperamos que se sientan como en casa.

Eran inversores decididos a comprar antiguas empresas públicas nacionales que ahora estaban en venta, como era el caso de corporaciones energéticas, compañías de telecomunicaciones, bancos… y también equipos de fútbol profesional. Al parecer toda la nación se encontraba a disposición del mejor postor.

El guardián de la frontera los condujo por la puerta de acceso VIP, anunciándoles que no tenían que pasar por la aduana, pues estaban exentos de pagar cualquier tipo de impuesto.

Al poco tiempo el Padre volvió a aproximarse al guardia disculpándose. Este resopló con fastidio. El humilde forastero le expresó su deseo de pedir asilo como refugiados ya que en su tierra natal se libraba una cruenta guerra civil desde hacía varios años, uno de los motivos que los llevó a abandonar su hogar. El guardián fronterizo levantó la voz para exclamar que ese no era su problema, aunque en realidad su Gobierno obtenía fabulosas ganancias por la venta de armas a los actores de ese conflicto bélico. El Padre tuvo que retirarse amedrentado.

A los diez minutos se armó otra vez un gran revuelo. Un militar de gruesas patillas, tocado con un gorro de piel de leopardo, rodeado de guardaespaldas y seguido, cómo no, por un rebaño de periodistas se acercó al puesto de control. El edecán del General saludó al guardia quien, poniéndose firme, respondió con la misma marcialidad. El personaje era un dictador africano recientemente derrocado e investigado por la Corte Penal Internacional por violación de los Derechos Humanos, a quién se le había otorgado el estatus de asilado político. Mientras era recibido con honores descargaban del avión, en el cual aterrizó, la cantidad de cien mil lingotes de oro con el rostro del sátrapa grabado en ellos, que habían sido esquilmados del banco central de su país de origen.

El Padre, desesperado, protestó ante la garita del puesto de control llamando la atención sobre el hecho que mucha gente había podido pasar. ¿Y cuándo les tocaría a ellos? El guardia le lanzó una mirada fulminante y le advirtió que se callase y esperase, so pena de ser detenido y deportado inmediatamente.

La familia de migrantes se encontraba angustiada. No entendían lo que estaba pasando. ¿Por qué no les dejaban entrar?

La hija señaló con el índice un cartel que en grandes letras decía: “Bienvenidos todos”, ante lo cual sus rostros expresaron perplejidad. Y se dispusieron a continuar la espera mientras hacía su entrada triunfal la cantante caribeña Roxita, “Caderas de caramelo”, quien se aprestaba a realizar su gira veraniega de conciertos denominada: “Alegría sin fronteras”.

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