Historia de un Viejo Herrante

Historia de un Viejo Herrante

Esta historia empieza una cálida noche en la pequeña ciudad de VillaBurguesa, donde un hombre alto como un armario, vestido de ropajes elegantes negros de mugre, con unas frondosas barba y melena (canosa y aceitosas a partes iguales), con el alma oculta tras unas gafas vaporosas y oscuras, finalmente culminando con una nariz morena y ganchuda. Esa noche ese hombre se sentó en la esquina al lado de una posada y talló un palo cercano a él con un desgastado cuchillo que sacó de su chaqueta.

A la mañana siguiente, la joven hija del posadero, inocente y pálida como un tierno cordero, vio como unas vecinas adineradas cuchicheaban al ver al hombre mientras salía para comprar vino y pan para la noche. La «migaja de inocencia» les habla respetuosamente:

-¿De que hablan, buenas señoras? ¿Cual es la nueva de ese hombre?-pregunta de manera respetuosa como le enseñaron.

-Ah, pequeña Marina, que nuevas tan curiosas te tenemos…! Ese hombre vino anoche y talló un palo cercano. Hay quien dice que es un timador o un criminal fugitivo… Sin prestar su nombre fue y se quedó ahí como un mendigo…-dice una de ellas, desconfiada del hombre.

-¿Quizás quieran que le pregunte su nombre y propósito aquí?-les preguntó ella, de manera considerada e inocente.

-Como desees pero no nos menciones ante él, por favor…!-le cuchichearon preocupadas por lo que piense el barrio.

La niña se acercó al hombre, inconsciente por el cansancio de la noche, lo despertó y le preguntó, curiosa:

-Disculpe, señor, quisiera saber su nombre y su propósito en nuestra ciudad, si no le es mucha molestia…

Este ve a las vecinas mirando de reojo y le dice a la jovenzuela mientras ríe-Pues verás, pequeña pastora de noticias, mi nombre es Jetto y ofrezco un mero servicio, tallo muebles viejos y los convierto en decoraciones dignas de mansiones a cambio de nada. Ahora ve con esas urracas y diles que pueden ofrecerme cualquier madero que yo lo vuelvo en buen ornamento.

La niña dijo lo siguiente a las vecinas, las cuales se vieron indignadas ante las palabras del hombre. Antes de proseguir con sus encargos, este la ve y le pregunta-Cuando regrese, podría decirme usted de donde viene y que le trajo…?- este alargó su mano y le dice en tono bonachón-Dame trabajo y con gusto yo conversaré como pago, buena niña…

Esta le cedió un pequeño taburete de su sala y le dice el hombre tras ello-Bien, ahora ve a tus compras, que tu plata no me complace…

La niña volvería a la noche, a tiempo para que su familia cenase sus compras. Esa noche, este se quedó tallando el banco con su cuchillo, al amanecer, hubo terminado el trabajo con grabados dignos del Coliseo Romano. La niña, ignorante del trabajo, le dijo al señor-Es hermosa! Ahora puede contarme quien es usted?

El hombre sonrió y le dijo tras reír un poco-Bien, un trato es un trato. Yo antaño fui hijo de uno de los burgueses mas ricos y adinerados de toda Roma, era pretencioso y avaricioso, pero al descubrir el arte de la talla busqué hacer belleza con ello, di todas mis riquezas y me dediqué al oficio a costa de mi estatus y mi apellido… Llevo años bagando por pueblos y ciudades en busca de trabajos a los que realizar mi arte y por un plato de comer, y nunca he vivido mas plenamente que sin nada… Antaño mi traje era blanco y refinado, el tiempo lo oscureció y volvió en el leproso de mi casta… La miseria vale la pena por mi arte, pequeña, nada mas que añadir…

La niña, sorprendida, le exclama-Usted era un burgués?! Porque dio todo por tallar madera vieja?

El hombre le dijo, ofreciendo el taburete-Esa madera vieja ahora es belleza gracias a mi, por mi eso es mas valioso que todas las sortijas de oro del mundo… Ahora vete a tus deberes, niña…

La niña fue corriendo a casa del viejo Don HierroNegro, un artesano de gran categoría y muy adinerado, le ofreció el taburete y le contó lo que le dijo el gentil-hombre pordiosero. El rico, impresionado y envidioso de tanto talento, le robó esa noche su andrajoso cuchillo (que portaba en su mano mientras dormía) y mató a un joven pícaro dejando su cuchillo clavado en el pecho como prueba.

Ese día antes, el tipo de la esquina estuvo tallando un talismán en forma de virgen de un viejo colgante de madera y al despertar y ver que su cuchillo le fue robado, los vecinos le dieron el cuchillo con sangre y le gritaron-Asesino!! Bárbaro!!! Fuera de nuestra ciudad!!!

Este, entendiendo de que su talento era causa de discordia, estaba por irse tras ofrecerle la virgen tallada a la joven Marina y gritas riendo al pueblo mientras marcha-¡¡Bah, burgueses envidiosos y viudas cotorreras, por eso me fui del infierno del que vengo!! ¡¡Si no ven belleza y solo beneficios, malditos estarán por el demonio del arte!! ¡¡Suerte tienen de tener a una joven santa entre ustedes!! ¡¡Voy aquí y allá buscando dar belleza y esperanza al pueblo y ustedes se la quitan al expulsarme, que Dios se lo pague a este pueblo haciendo arder a los responsables de mi ida!! ¡¡El artista errante malavenido no se quedará aquí, bagará hasta encontrar otro lugar y vuestra «hospitalidad» quedará en entredicho!!

La niña lloró al ver marchar al pobre anciano, el cual se fue sin su cuchillo, prometiendo devolverle a ese viejo errante su herramienta cuando ese volviese si lo hacía… Pero no lo hizo, porque los senderos de su vida terminarían en un precipicio hacia el cielo…

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