DE TIERRA ADENTRO

Hubo una vez un suspiro,

que jugó a ser marinero,

navegando espumas de oro,

por mares de tierra adentro.

Con el rumor de un riachuelo,

y el vuelo de una cometa

por persistir en su anhelo,

se hizo armar una goleta.

Para coronar montañas,

buscó en las nubes consejo;

vergas hizo de espadañas,

de campanas aparejo

Obenques de luna y hielo,

tejió con drizas de plata,

y con retales de cielo

un estandarte pirata.

El viento preñó las velas,

con un ímpetu de popa

y estrellas, de centinelas,

cabalgaron en las cofas.

Agosto se hizo pequeño,

llegó septiembre disperso

y octubre, frunciendo el ceño,

se fue a despertar al cierzo.

Se aborrascaron los cielos,

mudó el suspiro en lamento,

las nubes parieron velos

de lluvia por barlovento.

El lamento fue quejido,

oración de miedo añejo

y entre la jarcia, escondido,

el suspiro se hizo viejo.

Amainó la tempestad,

el sol de abril volvió al cielo.

Derrotado por la edad,

cejó el suspiro en su anhelo.

Y regresó a su linaje.

Salió el trigal a su encuentro,

a mecerlo en su oleaje,

piélago de tierra adentro.


DE PURA CEPA

Por la arteria del vino, a la alegría,

pasa la vida, fugaz, intransigente,

y hacia los arrabales de la muerte,

se encaminan el ego y su entropía.

Desde el vino a la vida, la memoria,

salvaguardia del alma en retirada,

le achica los espacios a la nada

transando una sentencia absolutoria.

Del corazón al vino, el homenaje

ferviente del latido milenario,

se declara, fecundo, tabernario,

vasallo de la cepa y su linaje.

Que al desamor, el vino sea analgesia,

como el llanto es alivio al desconsuelo,

lenitivo compañero en el duelo,

dios protector de evanescente iglesia

Y en el último adiós, que corra el vino

festivo, asilvestrado, enfebrecido,

anticipo de un edén prometido,

por si el diablo se cruza en el camino.


AÑORANZAS

Los sueños que un día fueron.

irrenunciable quimera

de la juventud primera

¿cómo fue que se perdieron?

Brotes que la primavera

dio credencial de arboleda

tejera, hayedo, pobeda,

¿quién los consumió en su hoguera?

Si en una oscura almoneda

fue arrumbada la utopía;

huérfano de valentía

¿al corazón, qué le queda?

Cruel e injusta tiranía

la impuesta por la razón,

¿qué es vivir sin emoción

sino una lenta agonía?

Si es humana obligación

librarse de las cadenas

¿se podrán pagar las penas

reviviendo la ilusión?

Las propias y las ajenas,

que es contagioso sentir

en los centros el latir

de la esperanza en las venas.


RETALES

Más sabe por veterano,

que por diablo, el aldeano,

apurar la vida es

un acopio de experiencia;

el poso de la conciencia

que nos deja la vejez.

Nada le pide a la suerte,

en su sitial quiere estar

tranquilo y sin molestar

hasta que llegue la muerte.

II

Paco, lo supe ayer, ha fallecido,

la vida se le fue sin previo aviso;

la muerte duele más de lo preciso

cuando le pones cara y apellido.

III

Una cicatriz de brea

torna siniestra la aldea.

Cruel costurón desmañado

que antes de ser carretera

un día camino fuera

por el que anduvo el ganado.

Ya no hay sonar de esquilones

muerta la majada está,

y la noria llorará

cieno por los cangilones.

IV

La brisa reza en el huerto

del ángelus la oración

y apurando la ocasión

la campana toca a muerto.

V

Lía con mano inquieta un cigarrillo

en el yermo perdida la mirada,

de humedal en los ojos tiene el brillo

y una lágrima esquiva apalabrada.

VI

Antes aquí, señor, había una plaza

con su fuente, tres bancos y un cerezo

hoy, ya vé usted, con hierros y argamasa

nos venden plutocracia por progreso.

VII

Califica el miedoso de prudencia

lo que es resignación, ciega obediencia.

Con igual sumisión que va el cordero

mañana irá el cobarde al matadero.


UNA MALA NOCHE LA TIENE CUALQUIERA

Dios ha muerto. Su carroña se mece

al siniestro capricho de las olas.

¡Que se alce ya el telón! ¡La farsa empiece!

Sobre un entarimado de chabolas,

baila una obscena danza el Nigromante

y reclaman su diezmo las pistolas.

Vencidos por un cierzo intransigente,

ruedan por el asfalto los deseos,

las ilusiones de la buena gente.

Ya se apresta, Caronte, a los bandeos,

fija el remo, afianza el aparejo;

se eriza el Aqueronte en cabrilleos.

Un terror contenido, un grito viejo,

se alza de las tinieblas almenadas,

como un espectro afásico y perplejo.

Juega el diablo con las cartas marcadas,

ya no le queda chance al desvalido,

la sentencia y la pena están echadas.

Se terminó, ya el tiempo está cumplido,

hasta el fondo la botella apuremos

y otra ronda, patrón, que yo convido,

que por dios y la muerte brindaremos.


TRAE LA MAREA

Espejitos de plata trae la marea,

para alumbrar las noches de luna llena.

Espejitos de plata visten las olas,

ribeteados de espumas y caracolas.

Lleva el viento suspiros de amor en rama,

arenita de playa, flor de retama.

Sueña la niña guapa, que el mar le deja

un novio marinero junto a la reja.

Un mocito de bronce, canela y agua,

que le suplica amores con voz de fragua.

No sueñes, niña, besos de sal y fuego,

no tenga que apagarlos, tu llanto luego.

Ya vuelven las barquitas de faenar,

a puerto, con el alba, quieren llegar.

La farola del puerto se está apagando,

porque el sol, por la playa, viene cantando.

Espejitos de plata la luna lleva,

volverán a la noche, con la marea.


AMIGO MÍO

Qué sería de mí sin ese amigo,

que cada día me aguarda en el espejo;

notario distraído y mal testigo,

del ingrato deber de hacerse viejo.

● 

Qué sería de mí sin su mirada,

amable, comprensiva e indulgente,

que conjura la muerte apalabrada,

como poco, hasta el día siguiente.

● 

Qué sería de mí si no tuviera,

el reflejo vital de su presencia,

caminando a mi lado en la vidriera,

empeñada en mostrar mi decadencia.

● 

Qué sería sin su audacia demente,

que sigue cultivando juventudes,

con la pujanza de un adolescente,

donde ya solo crecen inquietudes.

● 

Sin su engaño piadoso, qué sería,

enfrentarse a la cruel cornucopia

y confirmar que el tiempo cada día día,

se afana en redimirme de esta inopia.

● 

Qué sería de mí, si ya no fuera.

Que sería de él, sin mi presencia.

Qué será de los dos, cuando yo muera.

Vacío, oscuridad, olvido, ausencia.


AMOR A PLAZO FIJO

Te espero cada día excitado, impulsivo,

con la ansiedad urgente de un novio primerizo.

Y te veo llegar, estimulante, hermosa,

acicalada el aura con la luz de mil soles,

homenaje rendido de galaxias lejanas.

Despliegas, fascinante, tu magia seductora,

como una luna nueva cargada de promesas.

Reclamo tu mirada

con celosa impaciencia de amante cotidiano

y un beso volandero se escapa entre mis dedos,

caballero del viento, que agita tus cabellos.

Al vuelo lo recoges llevándolo a tus labios,

y hay un brillo en los ojos de amor correspondido.

“¿Será hoy, por fin, el día?”, me pregunto impaciente,

buscando en algún gesto la respuesta que anhelo.

Pero tu rostro amado se nubla de nostalgia,

como oscurece el día la nube pasajera,

cuando niegas, de nuevo, rompiendo mi esperanza.

“Quizás mañana”.

Sí, lenitiva la brisa me entrega tu promesa,

mientras tu boca alumbra un beso de consuelo.

Y te alejas despacio, majestuosa, bella,

mientras quedo doliente, febril, enamorado,

sabedor que hoy a otros regalarás cariño

sosegando sus almas con caricias de hielo.

Que fatal providencia, que amargo desatino,

consentir con la muerte hallarse prometido.


SONETO TRISTE

Arañazos de lluvia en los cristales,

de catafalco y plomo vino el día.

muere la tarde de melancolía,

sobre un lecho de alfombras otoñales,

Desde profundidades abisales,

bejucos de nostalgias y agonías

emergiendo de oscuras galerías,

trepan hacia la luz las soledades.

Del túmulo futuro, la promesa

se hace escarcha, congela los salones,

y a un dios castrado el alma se confiesa.

Porque ungido de espinas y aguijones,

anhelando del alba la promesa,

el miedo se amortaja en los rincones.

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