Doce poemas doce

Doce poemas doce

Herido temporal

01/09/2020



Poema 1

Espero

Yo espero siempre

que me esperes,

diría que

espero con ansia

tu espera

y me ilusiona

saber que estarás,

fiel en tu vigilia,

como una certeza

que alarga mis días

de nobles demoras.

No deseo otra prueba

de vida

que esa espera

porque en ella está

la constancia de ser,

el motivo de estar

llegando siempre.

Llegar y saber,

renovar lo posible

para volver a llegar.

Poema 2

Costumbre

Se me está haciendo costumbre

no encontrarte

en los lugares donde

siempre te hallaba.

Entonces,

me surge la pregunta

de por qué te busco

“Será la costumbre”

me respondo

y no insisto

porque por hábito

te habré perdido

y no me estaré dando cuenta.

Poema 3

Sin avisar

A veces tus ganas

me salen a borbotones

del cuerpo

y es entonces cuando

me pregunto

cuando comenzaste

a ser dentro mío.

Sorprende comprobar

como se han corrido

los límites de tu amor

en mis entrañas,

irreductible en tu deseo

de proclamar

tus derechos más allá

de la frontera de lo posible.

Los ecos de tu respiración

vibran en mis meridianos

y los aromas que te habitan

comienzan a anidar entre mis poros,

temo que solo quede de mí

poco más que las huellas digitales

y algunos recuerdos

en los que no estás,

por el momento.

Mis preguntas

se parecen cada día más

a tus respuestas

y cuando intento elevar

una protesta

o una firme denuncia

para que me devuelvas

a mí mismo,

no consigo impedir

que mis pasos

me lleven hasta tu casa

o elijan caminar

junto a los tuyos.

Poema 4

El Lenguaje de las nubes

Por razones ajenas a la meteorología

y por lo tanto desconocidas por ignoradas,

las nubes siempre han querido

hablar con los hombres.

En la inmensidad

de su silencio distante

se agitan felices cuando las miras

y desde el primer instante

bajan con una lentitud

que apenas se distingue

desde la perspectiva geofísica

y apenas primate

que confunde el trueno inexplicable

con la velocidad que quiebra

la barrera de la cordura

y de las ondas sonoras.

Vienen a beber del agua

de tus ojos,

atraídas como siervos

por la sed de un río cristalino,

solo y únicamente si

sostienes tus pupilas

el tiempo que demoran

en llegar.

Cualquier distracción será fatal,

como la indiferencia del que ignora

la circunferencia de la sal,

y la mano que tracciona

y las bocas que se pueblan

de otras bocas

y ruedan por amar.

Solo hay que esperarlas,

con la mirada anhelante

de esperar

su cuerpo de piedra y espuma,

que desciendan hasta tus pupilas

en esa espera de pájaros,

de vientos y de brisa,

de lágrimas que luego

serán lluvia.

Poema 5

También en cuarentena

Hoy me vino a buscar

para salir

y yo le dije que sí

que hoy estaba con ganas

de enredarme con las palabras,

de sofocarme a gusto

con su saliva, sabia, superficie,

salsa, samba,

zafiro sagaz,

saeta sajada,

sádico sainete,

sagrada saladura,

su insaciable sacramento.

Que sí, que sí,

que vamos le dije

sin dudar

que andaba con ganas,

que hay que aprovechar

las sombras que se ofrecen

y el frío del afuera

que te tiembla y te tienta

a buscar calor,

a no tener piedad

con la pasión,

la avidez del arrebato,

la fogosidad del frenesí,

la llamarada que te llama,

el delirio que lujuria

y la madre que lo parió.

Qué sí, que sí

le dije y agregué

con voz entrecortada

“Ojalá sea como la última vez

que me visitaste”.

Poema 6

Esa foto de ayer

Alguna vez pensé que

esa sonrisa no era para mí,

ni la disposición de tu figura

cautiva de la foto

y carcelera de una eventualidad

que sin duda me descartaba

porque al pasado lo compartimos

en una ignorancia mutua

de manera irreversible,

recíproca y equidistante.

Sin embargo desde que te conozco,

desde que llevo la marca de tu hacienda

en carne viva

y sufro a la espera del donativo

de tu mirada para sobrevivir,

y a ciegas me muevo

rastreando las migas

de tu soplo divino,

sospecho que esa sonrisa

sabía de antemano su destino

y aunque no me conocieran

los signos de tu cuerpo,

pacientes disponían su mensaje

frente al lente cazador

de sus encantos.

Poema 7

Solo

Estoy aquí así,

así, aquí,

como una salamandra

inquieta,

me estiro para poder llegar

un poco más.

Presiento que existir

es una tarde de sol

y sombras entre los árboles,

es el trino febril

de alguien que espera

como yo

la espera de algo

que está por llegar,

aprender de lo que se tiene

y concluir el día

desconociendo el roce

de cuanto ha de vivirse,

tal vez y por las dudas.

Estoy pensando en vos

y me ilusiona

no conocer más que

lo que existe entre los dos

Poema 8

Los viernes hubo poesía

Cuando te arrepientas

de haberme entregado

la flor de tu inocencia

y maldigas las horas

que perdiste en vano

ya que siempre esperé

tu espera,

cuando el nivel de cafeína

haya alterado tu bio ritmo

y ruedes de insomnio

por los pliegues de las sábanas,

contando los taxis

que nunca debieron haberte

llevado hasta mí,

quizás puedas consolarte

pensando que los viernes

hubo poesía.

Cuando fermenten los recuerdos,

expirada con holgura

su fecha de vencimiento,

y la pelusa amarga

de mi ego te resulte

insostenible,

cuando harta de pagar

las facturas de mis desajustes,

decidas bajar la perilla

del olvido,

quizás puedas consolarte

sabiendo que los viernes

hubo poesía.

Cuando te canses de todos

los “te quiero” que nunca te dije

y te aburran los lugares

que jamás visitaste conmigo,

burlándote de los momentos

que transcurrieron sin nosotros,

cuando al fin descubras

que igual hay ataduras

donde no hay compromiso

y asfixia muy alto

en el cielo,

quizás puedas consolarte

sintiendo que los viernes

hubo poesía.

Poema 9

Un ocaso

Un pájaro recorta su existencia

sobre el canto de sí mismo,

detrás

el cielo del ocaso

desliza una nubes

que arrastran los recuerdos

apenas enrojecidos del sol.

A lo lejos

el ladrido de unos perros

es la única evidencia

de tantas cosas,

sobre todo de ellos mismos.

Así es el verano en la ciudad

cuando la noche

se retarda

vaya a saber en que

absurda pero vital letanía.

Y entonces me pregunto

si no es en vano

la trama de los hombres.

Poema 10

Insatisfecho

Me tiro un lance

pero no hay caso:

ella hace a su antojo

lo que yo procuro,

¿Será posible

tanta irreverencia?

o cuenta se da

que la pretendo

y peores intenciones

por extravagantes

me descubre

antes que la hubiese

reclamado siquiera.

Mañana hubiera sido mejor

si ayer no hubiese sido en vano

me digo

pero no lo aseguro

porque hasta a mi tiempo

confunde

y no acierto

su paso a descubrir

cuando menos lo espero.

Poema 11

En el espejo de mis huellas

Tu piel talla la corteza

de mis días,

como la mano familiar

que acostumbra revelarse

con una caricia ,

y puede ocurrir

que la confunda con mi aliento

y crea que me miro

en el espejo de mis huellas.

Tu piel me envolvió serenamente,

como si conociera los registros

que determinan que soy yo,

y no otro,

el dueño de mí mismo,

salvó las fronteras

que fingen las soledades

para impedir el saqueo

del corazón,

se metió en mis zapatos

con la naturalidad del que

los ha caminado

y conoce su paso.

Tu piel me surge a veces

sin quererlo,

cuando escucho el silbido mudo

de un secreto,

cuando enfrento de manera proverbial

el eco de un sueño que no recuerdo

pero que lleva tu nombre.

Te miro, te miro,

y me pregunto porque

no siento frío cuando me dejas

y te llevas la piel que compartimos

el instante en que buscamos

penetrarnos.

Poema 12

Era una mujer.

Era una mujer que

destejía el tiempo

aguardando la llegada

de alguien que no regresaría,

un sueño que volvió

a nacer

sin saber que había

muerto

y el torbellino de días

que parecen comenzar

de madrugada

y ven el final

cuando el sol

deja de girar alrededor

del mundo.

No sea cosa

que sea

una ilusión

el diapasón de los ausentes

y su presencia

la palabra muda

de todos los pregones:

que llueva no es tema

que importe

en los desiertos.

Ahora sabe hacia donde

se dirige su negativa

porque el norte es blanco

y el sur el negro contrapuesto,

las herejías no son

semen derramado

sino la eléctrica distorsión

de lo indebido.

Una mujer que espera

vanamente

es mucho más que todo

el anhelo que la posee

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