Desde la ventana se divisaba ya el crepúsculo. A Julie Andrews le salía la voz del diafragma cantando la cancioncita del Supercalifrágilisticoespialidoso». Puse el DVD en pausa. ¿Qué hacía el disco allí metido?, no recordaba haberlo colocado, ni tampoco como fue que pulsé el botón de encendido. Me sobresalté, para luego, tranquilizarme y caer en cuenta que a esta casa, nuestro hogar como decíamos con mamá, ya nadie la visita; tan solo yo, cuando la melancolía me supera, para pasar una noche, recordar viejos tiempos y tal vez llorar un poco.
Era una niña cuando partí, mejor dicho me llevaron, mi madre acababa de fallecer, vivíamos solas, en una época donde era difícil tener solamente mamá. Ella se las arregló para no separarse de mí y cuando no iba a la escuela, me llevaba a algunos de sus trabajos esporádicos, como limpiar una casa ajena, planchar ropa ajena y cocinar para quienes no eran su familia. Así logramos estar juntas pero, su salud disminuyó y su fin, fue también mi final en ese hogar que hoy sé que amaba.
Después de pasar por distintos orfanatos, casas donde me llevaban para después terminar no adoptándome, llegué a mis 15 años y conocí a una señora, que vivía sola, tenía dinero, me hizo estudiar y seguí capacitándome en lo que hoy es mi profesión. Tuvimos buena convivencia, la estimaba, pero no era mamá. Mi niñez, había quedado marcada a fuego.
Me acompañó siempre mi caja de tesoros y jamás dejé que nadie la tocara ni la abriera jamás, ni yo lo había hecho hasta que un día, ya mayor, necesite imperiosamente conocer lo que mi madre había puesto en ella. Había solo una llave con una nota que decía: “Ve a nuestro hogar”, y entonces supe dónde ir. Así volví a nuestra casa, me establecí, estuve un tiempo, limpié, acomodé ese lugar impregnado de soledad y a pesar del paso del tiempo, estaba conservada. No había muchos vecinos, y eran jóvenes, quizás hijos o nietos de los que antes allí moraban, tampoco indagué mucho. No cambié nada, quise recobrar en ese espacio lo que hoy sé, no recobraré jamás.
Siendo médica, tenía mi consultorio en la ciudad y trabajaba además en un hospital, lo que me permitía tener ingresos suficientes para vivir y algunas veces darme un gusto. Nunca supe ni llegué a indagar como teníamos esa casa, aunque no niego que a veces me intrigaba conocer algo más, tantas cosas más, pero mi mente siempre anulaba mis preguntas.
Pero este DVD con esa canción, realmente me preocupaba y como la memoria tiene la ventaja de no acomodar los recuerdos en estantes, volví a presionar el botón de encendido y dejé que siguiera. En ese preciso momento, un sobre, que no había percibido antes, esperaba pacientemente que lo abriera. Allí sí, me asuste de tal forma, que impetuosamente lo rasgue, cayó una llave al suelo y leí lo que nunca hubiera querido leer.
Repasé lo escrito, una y otra vez, ahora sabía dónde había escuchado esa cancioncita. Mis recuerdos aparecieron uno tras otro. En la casa de Carmen, la señora con quien viví, a quien le debo el amparo y el logro de mi profesión, había un pequeño “cine”, apenas una tela colgada en un soporte y un reproductor para pasar películas, ésta particularmente, no me gustaba, la vimos porque Carmen la disfrutaba.

Reconozco que cuando me independice, no la visitaba, solo algún llamado que me permitía saber cómo estaba. Me había recibido a temprana edad y mi mundo tomó otro giro.
La carta escrita por el abogado decía:
“Mi querida señorita Mabel, me he permitido realizar esta acción por deseo de la difunta señora Carmen, quien entrega a usted copia de la llave de esta casa, que nos permitía mantenerla en forma, cuando usted no estaba aquí. Notará que se ha conservado a través del tiempo para que sea habitable cuando la necesitara y fue su deseo, la conserve para siempre. No tuvo ella el valor de decirle que Rosa, su mamá de la infancia, es la dueña de esta vivienda, fue entregada legalmente por escritura y está a su disposición en mi estudio.
La señora Carmen, tuvo una hija antes de casarse, sus padres no permitieron la dejara con ella y la entregó a Rosa, quien trabajaba, en ese momento, con su familia. No supo más de usted, hasta que, cuando enviudó y no teniendo otros hijos, me encargó la buscara. En la casa no había nunca nadie y supimos del fallecimiento de Rosa, de este modo usted llegó a vivir con ella.
Párrafo aparte, me indicó le atestiguara que siempre la recordó, nunca la olvidó y conociendo su amor por Rosa, no se atrevió a decirle la verdad, decidió solo protegerla. Tampoco le indicó lo de la casa, dado que los vecinos decían una doctora iba por allí, algunas veces. Suplica su perdón y reconoce en Rosa el valor que no tuvo ella.
Le requiero pase por mi estudio, cuya dirección figura en el sobre, para retirar lo que antes mencioné y una carta de puño y letra de la Señora Carmen.”

Violentamente saqué el DVD, lo destruí y aquí estoy yo, en el viejo sillón, rota como el DVD, bañada en lágrimas.
El laberinto de mi vida continúa, claro con una propiedad, pero quien le pone una escritura a mi alma. Mi mamá Rosa, siempre será mi mamá, la que añoro, la que recuerdo me daba un abrazo para dormir, trabajaba para llevar un plato de comida a la mesa y nunca dijo nada, no protestó de hacerse cargo y amar a un bebé que no engendró. Yo repito, mamá Rosa, tuya fui siempre, así lo dice una partida de nacimiento, mi alma lo refrenda y siempre será así. Qué pena, la señora Carmen, aunque protegió mi economía, no tuvo valor tampoco para llevarse el secreto a la tumba y resguardar mi alma de una verdad no anhelada.

Tal vez el tiempo, contenga mi congoja.

amc

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