Barcelona queda aún despierta. En mi retina danzan las manos de Maximina, Josefina, y América. Santos Francisco descansarà liviano; y en mi corazón se dormiràn recuerdos de días inolvidables. La nina, Anselmo y Juan Carlos podràn por fin dormir cómodos. Se ha creado un lazo. Mi tomatodo de mariposas quedó en su nevera y yo traigo en mi bolso las semillas de limón para Leonela. A veces la familia aparece y te sorprende en la mitad del camino de la vida. Me he sentido en casa. Me llevo en la maleta los sabores; las risas y el cariño sentido. Me quedo con el melón de agua en mis labios, con el paraguayo y los olivos, las anchoas, los zumos y el solomillo; con las nueces y las uvas pasas; con el conejo de Maximina y el yogourt de Josefina. En mi paladar se revientan aún las burbujas de frutas de mi granizado y el picantito del Beter Bas, con la Clarita, y el Mojito sin alcohol, la sidra de manzana y el granizado de limón, con la horchata de chufa y el bolo español. Me voy con la sonrisa a cuestas de Rosi y América. Atràs queda la Boquería, la Rambla, el juguito de naranja en el mercado, el autobus y el metro, San Martín, San Antonio, la Plaza España y la Catalunya. En los zaguanes de mi alma se vislumbran los balcones de una Barcelona que se impregnó en mi piel y en mi memoria. Duerme Ciudad de Gaudí y Miró. En tu cielo se bendice día a día la Sagrada Familia.

Krupskaya Pereira
13/06/2018

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