Pajas son si te digo que diré algo elocuente y disculparás si mis casacas te llegan ha abrumar pero, la realidad es que la calle te configura como callejero y esto si que no es casaca. No me negues pues, decirte lo que ya sabes; que no somos más los de ayer y que si ya no sonreis es porque no queres, porque bien sabes que la calle nunca está cerrada es más, siempre está abierta.

No es tan incoherente el dicho de las viejas: «si las paredes hablaran» a lo que vos y yo podríamos decir: «si las calles hablaran» tales escenarios públicos y diariamente transitados no sin ardor, han sido testigos de soques apasionados y de desgreñadas legendarias, pizadas por pudientes y malolientes.

Relatos de capiusas y de aventuras juveniles con las traidas, centenar de comercios y uno sin un peso. tumbarle el portón a la doña del 34-c y que te remate con un !a chingar a su madre! salir y con la onda a zamparle un pepitaso al carro de don Carlos que más parece el arca de la alianza de tan antigua que se ve.

Ahora todos muy muy con sus naves, aaahh pero antes, con los mocos corriendo y todos llenos de lodo, !puchica! y no dejemos de mencionar cuando nuestra nanas querian comprar esas cositas de plástico, esas que sólo saben vender los chinos de la sexta y de regreso para la casa con los costalotes a pie, uno con ganas de mear y solo tocaba jalar para abordar el bus !apurate mijo, que nos deja la 37!

Esa sexta avenida, ese boulevar de los proceres, esa avenida de la reforma o de las americas, esa avenida elena, es la casa grande que muchos no tuvimos, es el abrazo para otros de la madre y el padre nunca vislumbrados ni en sueños y también porque no decirlo, es el último regazo sobre el que recostarán sus cabezas miles de hombres shucos, hombres nunca amados. aquí me metí en algo sentimental, veamos cómo salgo de tal merequetengue.

Sucede pues, que a diferencia de las calles de Nueva York o de esos empedraditos de Madrid; nuestros corredores, nuestra casa, nuestras calles de la capi, recogen como un tanate de emociones, los encuentros furtivos de los amantes, los soques temblorosos de los patojos y patojas en la primavera de la pubertad, los gritos chillones de los patojitos que casi los tiran a la chingada por andar carredeando; nuestras calles, guardan ese olorcito de corozco y de incienso cuando pasan esos !semejantes mueblotes de andas! que llevan al jesusito de las doñonas de la casa.

!Ahí van los viejitos a sentarse para tomar un café en la concha acústica! !Ahí van las comandantes de familia, que escuchando las campanas a ritmo no-occidentalista, se enfilan con rosario en mano para recibir la bendición del padrecito y !hay! !de aquel patojo que no siga a su madre, porque antes de la paliza del tata está la madreada colosal de la nana!

!Púchica muchá, vámonos a la feria! a trabar las maquinitas de tantos combos con Rugal, vámos mucha está libre la fila de tiro al blanco, coqueteando como gorrión decía la más aventada de las patojas: !yo quiero ese peluche! y los incipientes calientes de los patojos que se peleaban por ver quien le zampaba un balinazo a la estrella del blanco. caminar por las calles de Jocotenango mientras todo era molestadera; mientras, unos iban comiendo elotes locos y otros un su churro con mermelada.

grande es la casa de Guatemala, que cobija a los patojos moteados de tanto oler tiner y gomas, grande es la casa abierta de las calles que cobija a la señora con la chiche casi al viento como memorial de la leche que acaba de tomar su pobre bebé desnutrido, !oh pobre casa, pobres calles las nuestras! que también y no sin asco deben dejar pasar a los ilustres gobernantes, pobre toda nuestra gente andante que tiene que ver desfilar a todo ese caquerio de fufurufos !gracias a Dios van escondidos tras vidrios polarizados!

¿ya te bajo un poco de nostalgia de la buena vida? ánda salí y comproba si son pajas todo este relato que me he fumado, !ánda salí a callejear! que tu casa está afuera, tus hermanos están afuera, tu aire aromatizado está afuera, tus tardes de café están afuera. salí y por lo menos un rato deja en el sofá este tacuche de mañas y mentiras.

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