La rebeldía me hizo conocerte, el grito de la independencia estrecharte la mano, la libertad de ser uno mismo hizo que caminara a tu lado. La calle me enseñó la parte fea de la vida disfrazada de la mejor diversión. Llena de placeres con precios caros, jugadas trazadas para nunca perder. Me enseñó la parte animal del ser humano, codicia ambición y poder por ser el rey de reyes callejeros a quien más respeto se ha de tener. Me dió sed de venganza, me enseñó a nunca dejarme vencer. Mi lema siempre fué: – A peores momentos mejores sonrisas. Y hasta el fin lo llevaré. Y sobre todo nunca olvidaré esas noches que me regalaba y me sigue regalando. Ese techo de cielo lleno de estrellas alumbrando a la más bella. Luna tú que todo lo sabes y todos los secretos revelas, regálame mil lunas llenas para volver a ver. Cuantos te miran rogando, cuántos duermen bajo tu regazo, de cuántos eres su único techo. Cuantos caminan por la calle y cuántos duermen en ella. Cuantos han crecido o cuántos lo han perdido todo. Cuantos pasan frío soñando con un poquito de calor. Cuantos luchan día a día por volver a ver amanecer.

Por ver un mundo mejor, que no sólo sea en los sueños. Por qué la calle te obliga a elegir, siempre lo hace. Te invita a que te quedes o te empuja hacia tus miedos que realmente son sueños, esos que no te atreves a cumplir. Por qué sabes que lo difícil no es ser el más fuerte en la calle sino ser el más fuerte en darle la espalda dirección hacia tus metas. Te alejarás de ella, serás otra persona pero nunca olvidarás todo lo que de ella aprendiste. Cada risa cada tarde con los amigos, todas esas noches que no quería que acabaran. Las personas que conocí, las que nunca debí de cruzarme en mi camino. Las veces que canté, salté bailé, las mil veces más que lo volvería hacer. Crecer en la calle, conocer su lado bueno y malo es algo que se lleva para toda la vida.

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