Supe, tarde (como siempre) pero supe que ahí no era mi lugar. Que me equivoque. Y que a pesar de todo, pude equivocarme, puedo decir que no, puedo arriesgarme y luego arrepentirme. Puedo decir que si y después negarme rotundamente. Puedo, incluso, aceptar que falle.

Porque no está mal. Porque las personas se pueden equivocar aun teniendo la razón. Perder (a veces) es ganar.

Ya no quería distraerme con cualquier cosa. Ya no quería aguantar tus gritos. Ni tu mal humor, ni siquiera tenia porque soportar tus insultos. A veces creo que hice lo mejor. Que pude con esto y que jamas me voy arrepentir.

Y me equivoque, como cualquiera lo hace. Tus besos ya no eran los mismos. Tus abrazos prendían fuego en mi interior. Tus caricias me sofocaban. Tu mirada me descomponía.

Pero no te alejaste. No me respetaste y eso me dolió, me dolió mucho más de todo lo que me había dolido antes. Te ame, fue cierto. Te ame como a nadie había amado antes.

Pero para amarte, primero debía amarme a mi misma.

Debía no censurarme.

Debía aceptarme.

La vida fue eso, fue dejarme partir en miles de pedazos, para luego, sanar cada herida y no dejarme ir (como la mayoría de las veces). Fue darme cuenta que a tu lado no podía. Que me encontraba ciega, que jamas tenia que ponerte en primer lugar porque en realidad ibas al ultimo. Pero una acción lleva a darte cuenta de muchas cosas. Lleva a darte cuenta de que lo que creías sano, era una total mentira. Te engañaba a vos misma para luego no dejarte en paz y saturarte la mente y por supuesto, el corazón.

Te hace perder la razón, convertirte en quien no sos.

Amar duele, duele de la peor manera.

Te fuiste, así como se van las cosas que no tienen una razón, o un porque. Te fuiste, y lo hiciste para bien.

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