Amor, arte y religión

Amor, arte y religión

Ernestas Jurkus

24/02/2019

No soy hombre de fe, pero otros muchos no lo son y no lo saben. Y piense que lo digo por alardearme todo lo que quiera; precisamente lo hago por no creerme distinto a los demás.

Es simple la cuestión, he buscado la fe y no la he encontrado, ¿Qué más hay que decir?

Suponemos que la fe no se hizo para ser cuestionada pero después hacemos imperdonable el que alguien diga que no la tiene. Y por eso me habría gustado preguntarle a Pascal, igual que decía que lo racional era creer en Él, si nos sirve de algo una fe falsa.

¿No lo sabría Él? ¿No nos condenaría por mentirle?

Igual creo que muchos condenaríamos el falso amor, sobre todo porque sabemos llenarlos de gesto engañosos: De palabras a caricias, de compañía a sonrisas, de favores a hospedaje… Y aun así no podemos afirmar que no duele descubrir que fuera una elección racional para salvar a los nuestros y a nosotros mismos. Dudo que pocos embusteros habrán muerto sin que se revelara que carecían del verdadero sentimiento, de la verdadera esencia de amor implícita y desemparejada de todos esos gestos. Pero nunca seríamos capaces de engañarle a Él.

Y siendo hombre de fe nula, considero que no es mi cuestión juzgar quién ha estado dónde, pero puedo asegurar que ese amor y esa fe no las siento.

De la misma manera sabemos cuándo ese amor falta en el arte. Se ven los trazos rígidos; las únicas curvas que hay son de pintura derretida al calor. Las palabras salen tímidas y escasas, repetitivas y poco locuaces. Un artista sin amor aplica fórmulas. Salen cuadros, salen poemas, sale música… Pero nadie cree en ellos.

Ahí se descubre la dualidad: el artista no tiene amor por su arte (lo cual directamente yo llamaría arte) y el público no tiene fe en su obra.

<<¿Cuál sería la mayor desgracia que pudiera ocurrir por solo creer que crees, aunque no lo sientas?>>, podría preguntar Pascal.

Y antes de caer en la redundancia que supondría creer en la creencia y no sentirla, ya puedes haber sufrido por ello.

Aquel que realmente ama no lo tiene que justificar continuamente. Su mente está libre de intentar racionalizar algo que no fue creado para ello. El vacío, la eternidad y al infinito les damos la arbitraria ventaja de establecerse por encima de la comprensión humana. Pero el amor lo he visto siendo usado como moneda de cambio, como venda para subsanar heridas, un parche, una tirita. Por no hablar de las veces que ha sido una excusa para una guerra, a mayor o menor escala.

Dispuestos a destrozar algo que supuestamente debería ser bello, ¿Por qué no admitir nuestro cinismo? Mejor eso que convertirlo, irónicamente, en una muestra de verdadero amor.

El que no quiera amar que no ame, pero no lo corrompáis para los que quieren amar de verdad.

De la misma manera, quien quiera hacer arte puede hacerlo. Por algo dicen algunos que es el público el que dicta lo que es arte o no. Otra consideración que Pascal podría haber tenido. Si no queda en tus manos, ¿Por qué no hacer lo que consideras arte de verdad? Y si queda en tus manos ¿Por qué hacer cualquier otra cosa teniendo la oportunidad?

Dinero, fama… Sabemos que hay que pagar una casa, comida y por una familia a la que amas. Y quizás no venda un cuadro llamado El Alquiler de este Mes.

Pero no cargues con la mentira a tu espalda, libérate de ello en cuanto puedas. Bastaría con un creo que no es mi mejor trabajo. O un me moría de hambre a tu mejor amigo. A ese que amas tanto. Quizás mueras con muchos todavía engañados por tu silencio, pero al menos morirás con esa preciosa parte de ti a tu lado. Incluso, puede que le descubras a Él y te deje vivir en ese paraíso de amor y arte perfectos.

Tiene buen corazón en su obra, resplandece en ella, dice algún ángel que te ve pintar.

Al final, es como cuando un día me di cuenta de cómo era la muerte en realidad. Ojalá fuera ver todo en negro, ojalá fuera solo ese sentimiento de me he quedado sin tiempo, pero lo sabes, lo recuerdas por la eternidad. Pero creo que no es siquiera eso, ¿Y por qué seguir haciendo nada entonces?

Porque quizá sea un hombre demasiado insignificante como para cuestionar lo divino. Y solo sé que no tengo fe.

Porque me siento como un hombre que no tiene amor de verdad que ofrecer. Pero por si acaso estoy dispuesto a defenderlo para que otros lo vivan.

Porque estoy seguro de que nunca he hecho arte en mi vida. Aunque puedo sentir que está a unos pasos por delante de mí.

Porque me dispongo a darle valor a todas esas preciosas cosas que, de principio a fin, solo pueden tener el valor que les da ser verdaderas, puras y sinceras.

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