– ¿Qué miras Miguel?

Pablo intentaba que su hermano menor apartara la vista clavada en el cristal de la ventana, pero éste no se inmutaba. Permanecía mudo, estático, hipnotizado. Se acercó curioso un poco más hacia donde parecía dirigirse la intensa mirada de Miguel y alcanzó a ver una gotita de agua resbalando lenta sobre el vidrio.

-Miguelito… -Pablo rozó su hombro casi con cuidado, sintió que alterar al chiquillo bruscamente en un momento como aquel en el que parecía sumido en un trance, podría descolocar algo más aquella cabecita tan extraña. Era su hermano pequeño y con tan sólo cuatro años de edad lo tenía completamente desconcertado, no acertaba a comprender sus preguntas y respuestas desde que comenzó a balbucear sus primeras palabras. Normalmente no prestaba demasiada atención a sus excentricidades, pero hoy la intriga ante la concentración más absoluta del pequeño, le empujó a insistir.

– Chico ¿qué ocurre?, es sólo una gota de agua.

Miguel por un segundo, sin desviar la mirada de su objetivo, pareció regresar al instante real, suspiró y con mucha calma y cierto deje de resignación, contestó.

– No Pablo, no es sólo una gota de agua.

– ¿Cómo que no? – respondió Pablo sorprendido.

Miguel continuaba inclinado, muy quieto, con el mentón casi pegado al cristal.

– Pues que ahora es una gota de agua, pero antes no lo era, y dentro de poco tampoco lo va a ser…mira. Si esperas un momentito lo vas a ver, como cambia.

– Pues claro peque- respondió Pablo con la seguridad propia de un hermano seis años mayor y por ende con mucha más sabiduría- es agua. Verás, es que eres aún demasiado pequeño para entenderlo, yo te lo explico. El agua cae del cielo y se moja la ventana, y cuando se pega al cristal los chorreones que se juntan, forman las gotas, y después las gotas caen todas al suelo y se forma un charquito. No es nada más que eso, anda, no te comas más el coco y vente a merendar.

– No Pablo- insistió Miguel- Va cambiando todo el rato, cuanto más cae, más gordita se pone, y de pronto ¡Zas! desaparece, pero ¿de verdad desaparece o se convierte en otra cosa?

– ¡Se convierte en un charco hijo! ya te lo he explicado- Pablo comenzaba a desesperarse.

– Pero Pablo, cuando te conviertes en otra cosa ¿eres otra cosa? ¿o eres la misma cosa pero con otra forma? Aunque no te parezcas en nada, aunque no te acuerdes de cómo eras antes. ¿Sabe la gota que antes fue lluvia y que en un ratito a lo mejor ya no existirá? ¿O que será otra cosa? ¿O que será la misma cosa pero muy diferente?

– ¡Ay Miguel!- Pablo se echó las manos a la cabeza y miró al techo en ademán de exasperación. Por unos segundos dudó entre seguir con aquella absurda y delirante conversación o regresar sobre sus pasos a la cocina e hincar el diente a un paquete de galletas que lo esperaba sobre la encimera. Decidió sacar de dudas a su hermano, al fin y al cabo él era mayor, más listo y con más experiencia.

– A ver- continuó Pablo con aires de suficiencia- Lo primero es que la gota no se entera de nada, es sólo agua y sólo va cambiando de forma, como tú cuando pasas de ser bebé a niño y después a grande. Cuando eres ya viejito te mueres y se acabó. Vas al cielo si has sido bueno, y nunca más vuelves. El agua, lo que le pasa es que no va al cielo. Cuando se convierte en charco y después lo limpian, pues acaba en un cubo que luego echan al retrete y de ahí se va al mar, que es como el cielo, pero para el agua.

– Entonces…- continuó Miguel sin apartar su mirada- cuando yo fui otro, diferente, aunque no me acuerde bien ¿no era yo?

– ¿Pero que otro? ¿Qué dices Miguel?

– Cuando fuimos otros, antes de ahora, cuando fuimos grandes y viejitos y estuvimos en el cielo, y volvimos a ser bebés… ¿no éramos nosotros? Es como la gota Pablo, ni siquiera sabe que está cambiando, pero yo no creo que desaparezca ¿sabes? Aunque luego forme un charco y después se vaya al mar, la gota está ahí. Se transforma, pero es la misma. Eso creo Pablo. Como yo. Como tú. Ahora soy pequeño, y después seré grande y también viejito, y seré el mismo hasta que no esté, pero no desapareceré, seré como la gota, cambiaré de forma y me iré a alguna parte, y a lo mejor vuelvo, como cuando llueve, porque el agua que cae del cielo también tiene que venir de alguna parte, y a lo mejor esta gotita en vez de acabar en un cubo y después en el mar como tú crees, acaba en el cielo, y regresa. Como yo.

Con otra forma.

Pablo no alcanzó emitir respuesta; bastante desconcertado al tiempo que algo divertido, dio una leve palmadita en la espalda de su hermano menor y se dirigió a devorar su merienda sacudiendo de su mente aquellas locas ideas y reafirmándose en sus pensamientos, una vez más.

“ Ay, pero qué rarito es este crío”.

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