Previamente había acordado con Diana y Pedro para quedarme en el interior de la cabaña mientras ellos darían una vuelta por la playa a sus dos perros Shiva y Krishna; por lo cual me encontraba concentrado en algo poco usual de mis actividades cotidianas, contemplar y masajear las plantas de mis pies, cuando sorpresivamente le vi a ELLA a unos escasos metros de distancia (había ya atravesado en forma silenciosa el filtro natural para seleccionar a todo visitante que tiene la cabaña: la puerta de entrada); me saludó más que con palabras con la profundidad de su mirada y una sonrisa de esas que a los hombres nos asusta, por no tenerla calculada previamente. En lo segundo en que se centró mi mirada después de la hermosura de su rostro, con una mezcla de genes australianos y chinos; fue en el tatuaje de Buda que lucía en su antebrazo derecho en tinta negra. Después de intercambiar unas palabras se despidió con un ”I´m very happy to be hear” quedando de volver posteriormente para alojarse en la cabaña con alimentación vegetariana incluida, después de acordar los precios, y después de observar la habitación disponible que Diana le mostró antes de su partida hacia la playa. Al regreso de su caminata con los perros, ellos me preguntaron por ella y yo manifesté desconocer el sitio donde se encontraría, así comenzaron a dudar de su regreso mientras yo mantenía la certeza de verla de nuevo. Tiempo más tarde, el que gasté para ir en bicicleta al pueblo a comprar algunos vegetales y verduras, incluyendo los mejores envueltos de plátano primitivo (horneados después de haber sido previamente cubiertos en hojas de maíz tierno) que yo haya probado de la gastronomía chocoana y un tiempo igualmente aprovechado además para buscarla a ella por las calles del “El Valle” sin éxito alguno; posteriormente a ese tiempo, cuando yo me encontraba sentado en la silla de la pequeña sala ubicada en el propio frente de la entrada a la cabaña observé encendida la luz de la habitación donde ella se hospedaría, de inmediato me dirigí hacia su puerta con la intención de interrumpir el circuito eléctrico, pero por esas sincronicidades que nos tiene reservado el universo, al mismo tiempo de girar la chapa de la puerta para intentar entrar, desde adentro se giraba para abrirse y mágicamente pude verle su rostro nuevamente iluminado con la más bella sonrisa que su expresión facial me pudiese haber regalado…I´m sorry, logré decirle sorprendido y ella sonrió como si nada. Le pregunté si llevaba mucho tiempo de estadía al interior de la habitación a lo que me respondió que tan sólo unos minutos atrás había llegado y había entrado sin saludar porque no vió a nadie por ahí cerca….

Un tanto después mientras Diana le preparaba con el toldillo para evitar las posibles picaduras de los mosquitos y colocaba sábanas nuevas en la cama de la que sería por dos noches su habitación, yo le registraba en el libro de ingresos y desde su pasaporte Australiano pude conocer su nombre; Cassandra Hey. Las horas que le siguieron al momento de terminar la cena, con la luz que nos brindó la luna llena permitió ver las huellas de cuatro pies descalzos caminando por la arena de la playa y posibilitó a cada quien adentrarse en su propia selva interior a través de la mirada del otro.

Paradójicamente lo que la trajo a Colombia fue el café que ella inspecciona para compra por parte de la compañía Australiana para la cual trabaja, el mismo Café colombiano que yo el día anterior a conocernos tostaba y molía en la cabaña para acompañarle su estadía, que ella después le otorgó el visto bueno por su aroma, su sabor frutal, baja acidez y por la consistencia de ese aroma fresco. Y fue allí en la playa donde me permitió observar una planta de café tatuado en el muslo un poco más arriba de su rodilla.

Al final de la tarde del dia siguiente, en más de una ocasión Cassandra…pronunció la palabra AVENTURAAAAA!!!…ya que de nuevo nuestros pies descalzos esta vez se afirmaban entre las rocas para llegar hasta la cascada de agua en donde nuevamente tuvo origen la magia de su rostro iluminado entre la corriente cayendo por las peñas. Con los dedos de las manos aferrándonos uno del otro, con nuestros rostros mojados, sus ojos semi-abiertos e incluso casi cerrados los míos, vi la felicidad que yo sentía por dentro reflejada en sus ojos de color café suavemente tostado…”I ´m really so happy,… thanks” y yo logré escucharle hasta sus tres puntos suspensivos detrás de su leve sonrisa entre el ruido de la cascada.

“Nos vemos próxima ocasión”, le escuche decirme en un precario español a la tarde siguiente entre el ruido generado en esta ocasión por las turbinas del avión 1106 de la aerolínea Satena que la llevaría de regreso a la ciudad de Medellín. Como habíamos llegado un poco retrasados al aeropuerto a causa de la continua lluvia de la mañana no recibió su pasabordo al instante, pues la lista del vuelo estaba ya cerrada. Su partida estaba programada para las 11.40 de la mañana y a causa de la lluvia salió después de las cuatro de la tarde y sin embargo a ella con tres vuelos por tomar el día siguiente, dos de ellos internacionales; no le conocí en su cara nada diferente a la felicidad que mostraba la sonrrisa de su cara.

Miró hacia atrás, se despidió con una de sus dos manos y avanzó danzando con el pasaporte y el pass a bordo de su viaje en la otra, así le vi irse…pero sin marcharse de mis días. Mi primer escrito no terminará después de escribir: muchas, muchísimas gracias Cassandra!!!

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