Cuéntale de aquella fugaz noche de derroche y embrolle, de aquellos encuentros repetidos entre sabanas, de las peleas que empezaron y nunca acabaron. Dile que desperté en ti lo que ella dejo morir, cuéntale que quizá fue la esencia de mi piel la que te dejo embelesado, o del misterio de mí ser que se esconde tras estos colmillos a media noche.

De esa extraña atracción que nos tiene atados a los dos. Cuéntale que tratamos de alejarnos pero que somos miel, pegajosos y enmelados. Que la razón en nosotros nunca existió y que ya no tienes más excusas para enmendar este error. Dile que el lado oscuro que cargo te atrae y te tiene completamente loco, que en tu mente ahora solo hay espacio para desear una siguiente noche a mi lado, que soy más que una adicción, soy tu debilidad, soy el diablo.

Cuéntale que este juego se ha convertido en una necesidad de nuestros labios, de nuestras manos, de nuestros cuerpos. Dile que tú me quieres ver, que quisieras hablarme al odio cada segundo que pasa. Y si le dices de nuestros encuentros con café y cigarro que compartimos siempre, deberías decirle de aquellas conversaciones un tanto absurdas y sin sentido que tenemos continuamente, sobre la vida, sobre escapar, sobre ella y tu, sobre nosotros atrapados en este lió de amor.

Cuéntale que mis besos son tu perdición y mis caricias tu bendición. Dile del extraño miedo a dejarme volar, de ese mal apego que sientes hacia lo físico y lo externo de mí. Y si solo le dices que fue culpa de los dos esta traición, que tuvimos mil motivos y que pagaremos el precio de esta falta.

Cuéntale que bailando nos conocimos, de la música que compartimos los dos, de esas exquisitas canciones que nos hacen caer al infierno y subir al cielo en orgasmos auditivos y delirantes. Dile de lo frustrantes que nos comportamos a veces, de las tediosas preguntas que te hago y de la cajita de sorpresas que siempre guardo para ti, cuéntale que soy una gruñona- cansona. Dile que me extrañas, que no aun no sabes lidiar con esta mujer tan argumentativa, tan paradójica y extraña.

Cuéntale que siempre estás en constante problema conmigo y que solo quisieras abrazarme y reír de lo tontos que nos vemos peleando, dile que me he convertido en tu escape matutino. Y si le dices que quisieras ser mío y no de ella. Y que aunque vuelvas a ella destrozado, acabado y arrastrándote por el piso, en tu mente siempre habrá el recuerdo de mi extraña sonrisa en medio de cada beso, de mis dientes enterrados en tu cuello siempre al amanecer.

Dile que siempre recordaras mis miradas, mi boca, mi aliento y el perfume de mi piel que te hace correr hacia mí y sin poderlo manejar, sin siquiera saberlo entender, a mi regresaras. Dile que soy la única que te ha acercado a dios y en un segundo mostrarte el diablo en mi mirada. No le mientas más…

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