Postrada en mi cama, dedico mis últimos minutos de aliento a mis recuerdos. En ellos siempre estás tú. Desde la juventud, hasta hoy. Qué felices éramos de niñas. Qué tiempos aquellos en lo que la preocupación más grande de todas era… no sé… ¿nada?

Un amigo es quien lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere, dijo alguien muy sabio cuyo nombre no alcanzo a recordar. Así es, te quiero y te conozco bien. No porque me hayas contado todos tus secretos, sino porque los he vivido contigo.

Gracias por eso y por todo; por sostenerme cuando apunto estuve de caer y por levantarme cuando ya no había remedio. Nuestra bonita amistad nunca ha dependido del espacio ni del tiempo; y es por eso que ha durado hasta el final… Un final, sencillamente perfecto.

No temas por mí, mi más fiel compañera. Me voy orgullosa de haber hallado en ti una de esas cosas que no tienen precio. Tras haber experimentado lo mejor y lo peor de la vida, nuestro destino no puede ser otro… más que el cielo.

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