Se levanta temprano todos los días y en su paso ya lento por los años, suavemente se viste con sus con su ropa de trabajo, pero antes de ordeñar a las vacas, desciende por el camino de piedras. Le siembra rosas a su amada y conversa con ella, como si estuviera viva. En la obturación de su nieta que traspasa su esencia, ella aún respira. En esas ramas de la ceiba joven, viaja su alma y sus flores, sí, en esas raíces que custodian sus cenizas quedó para siempre el amor de sus amores.
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