El Ruido del Sol y del Viento.

El Ruido del Sol y del Viento.

El semáforo, la calle, la zebra, el asfalto.

la calle, la zebra…

-Por fin entiendo como es…

Resulta un tanto más fácil cuando conoces la dinámica, el principio.

Miro la zebra que no lo es, sobre la calle que no está, que no es de asfalto, y el semáforo que orienta el supuesto desorden.-

-¿y el aire?-

-Parece la misma brisa que nos envuelve por las tardes previas a la lluvia, pero este, este es en extremo abrazador, es más tibio que ninguno y nos enferma como los otros. nos obliga a cavilar, nos sume en la desgracia de nuestras recordaciones, en la estupidez de nuestras quimeras.-

-¿como te diste cuenta de todo?-

-¡no lo sé mujer, todo siempre ha estado allí, a la vista de todos, en nuestras narices. Por alguna extraña razón, principio o finalidad, se nos ha enseñado a ver lo que vemos, a probar lo habitual, a realizar lo preestablecido.

No sé si me he dado cuenta por accidente, o si tan solo es otro

Más de sus designios.-

-¿de quien? ¿Los designios de quien?- pregunto Francia.

-¡de quien o de quienes o de qué, aún es un misterio, así como lo era antes un todo y ahora es un menos, pero sigue algo estando ignoto, a la espera tuya o mía o de otro.

Por primera vez desde que te conozco siento en el hálito de tu voz una verdad que cada vez se resigna más.

Es como si me preguntases algo que de ante mano sabes que es cierto.-

Muchos se han preguntado muchas cosas pero, no el todo.

El acto de la trampa más convincente es el acto primo. (el nacimiento)

El acto más artificioso y convincente sin lugar a dudas en nuestro multiverso.

En el neolítico cuando se desarrollan las primeras formas de comercio productos derivados de la agricultura, la caza, la pesca y la ganadería se suscitó con ello el segundo acto de engaño, (el desarrollo de los pueblos, asentamientos y sociedades humanas)

El segundo engaño trajo consigo el sistema de comercio arcaico.

Después de todo lo que sucedió a continuación, millones de años de una gran mentira, es tan grande e infame que ni ganas de llorar produce ya, solo la necesidad de quedarse muy quedo aquí en la bancada, donde estamos ahora parados tú y yo, bajo el

Sol de medio día, mirando la zebra que no lo es, sobre la calle que no está, que no es de asfalto, y el

Semáforo que orienta el supuesto desorden.

escuchando ese fastidioso ruido que produce el sol y el viento, el roce malevolo entre los dos castigando nuestras ya, miserables existencias.

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