Beso apasionado

Beso apasionado

Era una tarde con un sol abrasador y en la esquina de una acera se encontraba una mujer, intentando conseguir un taxi durante casi una hora y al instante de haber levantado su brazo derecho, se estacionó frente a ella un carro azul. En el asiento trasero donde se sentó, había otro pasajero, al cual le sonrió y una vez el vehículo en marcha, el hombre la saludó:

-Hola, parece que hoy va a ser más caluroso que ayer.

-Sí, eso parece -le contestó la mujer-. Sin embargo, promete ser un buen día para hacer algo diferente.

-¿Algo diferente, cómo qué? -le preguntó él sorprendido.

-No sé, algo como… No ir a trabajar –ambos se rieron a carcajadas.

Durante todo el viaje siguieron conversando y riéndose, mirándose como dos enamorados y de pronto la mujer le dijo al chofer:

-Déjeme en aquella esquina – en el momento en que se iba a bajar, el hombre le agarró suavemente la mano y le dijo:

-Ahora que me acuerdo cuando me hablaste de hacer algo distinto, pensé si sería una buena idea en que comiéramos juntos en un restaurante y así poder conocernos mejor.

Ella lo miró fijamente y le sonrió:

-Está bien.

Ambos abandonaron el carro y entraron a un restaurante con decorados muy elegantes y se sentaron cerca de una ventana, uno frente al otro, donde se podía vislumbrar una larga línea en el cielo, de color rojo fuego.

-Parece que va a anochecer –dijo la mujer observando fijamente sus oscuros ojos.

-Espero que sea una gran noche –le dijo él.

Mientras anochecía, continuaron charlando después de cenar y luego, al salir del restaurante caminaron por las desoladas y oscuras calles; uno tomó la mano del otro, ella lo besó apasionadamente, él le acarició sus aterciopelados brazos, así como ella deslizó suavemente sus dedos por su corpulenta espalda. En aquel instante, el hombre miró hacia una casa con un cartel encima de la puerta principal, el cual decía “MOTEL” con letras fosforescentes y expresó:

-¿Quiero que seas mía?

-Soy tuya para siempre.

Entraron juntos a una habitación en la segunda planta, con un balcón con vista al mar y allí disfrutaron de una noche inolvidable.

Al siguiente día, bajo un sol abrasador, el hombre tomó un taxi en la esquina de una acera, donde viajaba otra pasajera, a la cual le sonrió y le dijo:

– ¿Nos conocemos de antes?

– Más bien diría que nos conocemos de toda una vida –le contestó mirándole fijamente sus oscuros ojos.

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