Yo se quien mató a Juan Martín de Rosas

Yo se quien mató a Juan Martín de Rosas

Gaby Rodriguez

19/04/2021

Buenos Aires, 1940-

JUZGADO PENAL NUMERO 1. Hoy se tomarán declaraciones de los testigos por el homicidio del Sr Juan Martín de Rosas, 55 años, tez clara, ojos claros casi dorados, cabello rojizo oscuro ,1,80m de estatura, contextura física grande.  Ocupación: Estanciero. Argentino.Estado civil: casado. hijos:  uno legal ( otro en tramite de reconocimiento por estar fuera del matrimonio). Asesinado de cinco puñaladas puñaladas. En la Sala de Audiencias están todos los testigos listos para declarar. La gente curiosa está dentro del recinto para lo que parece ser el “espectáculo del año”. Dentro del gentío estaban el Obispo, tres monjas, varios policías y los testigos.

TESTIMONIO DE ASUNTA, LA COCINERA. (75 años) «…Yo al patroncito lo conocía desde antes de nacer. Fui su ama de leche, ya que había tenido una niña en ese tiempo. Creció normal y  el trato hacia mi siempre fue cariñoso. Fue un niño travieso, es cierto, y a veces malvado con los demás. Siempre buscaba problemas… (la cocinera bajó la mirada, y suspiró). Pero en el fondo tenía buen corazón. Cuando estaba feliz mi niño grande cantaba. Y cuando se enojaba, bueno, cuando el señor se enojaba volaba todo por el aire. Era cruel con los empleados. A veces usaba el látigo con mucha facilidad, y los peones se alborotaban. Se que no era muy querido, pero bueno, hay que ser el patrón, y así manda el patrón, yo no se nada. Tenía mas enemigos que amigos . Pero matarlo así, que Dios lo tenga en su Santa Gloria —dijo santiguándose asustada la señora…»

TESTIMONIO DE MARIA PIA  EZCURRA, LA ESPOSA. (40 años) «…Mi esposo no merecía esa muerte, fue horrible y quien haya hecho eso lo pagará con la cárcel. La viuda no pudo seguir hablando. Su hija, le acercó un pañuelito limpio para secarse las lágrimas. Yo amé a mi esposo desde el primer día que lo vi. Nuestros padres habían concertado nuestra boda y fue a amor a primera vista, al menos para mi. Conmigo fue amable, a veces se ponía de mal humor cuando tenía problemas. Es que la gente no lo comprendía. Él no era malo, simplemente tenía que hacer cumplir las obligaciones de todos. Y eso, a veces,  hace caer en excesos. Pero era un buen esposo, un buen padre, adoraba a nuestra única hija. Consuelo era la luz de sus ojos. —Y miró a la jovencita de dulces rasgos, quien le devolvió una mirada de amor. Juan Martín tenía su grupo de amigos, era respetado y temido. Eso creo yo, la verdad no se cómo se tratan los hombres. Sólo quiero que el culpable o los culpables aparezcan y paguen por todo el dolor que provocaron en mí»,… —y la bella señora comenzó a llorar. Consuelo la abrazó y la acompañó a salir de la silla, para sentarse ella.

Una voz interrumpe en la sala del juzgado, es don Pedro, el capataz. —YO sé quién mató al patrón, quien mató a Juan Martín de Rosas. Yo lo vi todo y el viejo intimidante se paró con mirada socarrona.

En ese momento reinó el desconcierto. TODOS LOS PRESENTES miran a Pedro, en especial dos personas que sienten un frío intenso en la nuca. Y un apagón deja la sala a oscuras. Gritos. Desesperación. Corridas.

Al minuto se enciende la luz, el hombre yace en el piso ensangrentado. Tiene dos puñaladas: en el pecho y otro en el cuello. El asesino está cerca. Está ahí.  Mas Corridas, empujones, descontrol total en el tribunal.

El juez mira a todos los presentes, pide que dejen el cuerpo ahí hasta que llegue el forense. Y cambiarán de sala. El olor nauseabundo de la sangre se esparce por la habitación. Los sospechosos son trasladados a otro lugar. Sólo ellos. Nadie más. Así será más fácil estar protegidos. El juez tiene miedo. Pide refuerzo policial. Pasarán de uno. El magistrado suspiró, el caso era complicado.

TESTIMONIO DE CONSUELO, LA HIJA (15 años).- «…Se que no es necesario mi testimonio, pero quiero hablar. Decir que lo que hicieron fue una crueldad. Dejar a una familia honorable desprotegida, a mi madre y a mí, es un acto de cobardía y tamaña crueldad. Mi padre era mi sostén, y yo su orgullo. Me llamaba mi niña de fuego, por el rojo de mis cabellos, parecidos a los suyos. Me amaba y yo a él. Tenía puestas las esperanzas de viajar juntos los tres este verano de nuevo a Paris y quedarnos allí uno o dos años. —sus lágrimas resbalaban por su dulce rostro: quiero a mi padre. Quiero que el culpable pague. Nada más…» Sus dulces ojos celestes se humedecen. El horror vivido recién la descompuso. Se acerca al juez y dice unas palabras más.

TESTIMONIO DE LAURITA, LA HIJA DE LA COCINERA (55 años): «…con Juan Martín, el patrón, éramos muy compañeros. Siempre jugando juntos. Me defendía de todos los que me molestaban. De niños éramos los mejores amigos. Juanma era divertido, valiente y le gustaba el peligro. Cuando crecimos nos separaron. Yo pasé a ser su criada y él mi señor. (El aire se puso tenso). Fuimos amantes, si, estábamos enamorados. Pero yo sabía que nuestro amor era imposible. Lo amaba, y él correspondía a ese amor. Por ello, jamás le hubiera hecho daño. Siento que me quedé sin vida, que estoy muerta junto con su cadáver. El fue el gran amor de mi vida. Tuvimos un hijo, su orgullo, está viviendo en otra provincia, en Mendoza. Es médico, y está casado. Tengo dos nietos. Por favor, encuentren al culpable, que pague por el daño que nos hizo…»

TESTIMONIO DE JOSE LUIS, SU MEJOR AMIGO (55 años)»… Yo era el hermano del alma de Juan Martín. Nuestras familias eran muy unidas. Siempre estuvimos juntos, compartimos TODO. Siento que perdía a mi mano derecha. Encuentren al culpable y que reciba la pena de muerte. En memoria de mi amigo y hermano…»

TESTIMONIO DE MARIA LUISA, ESPOSA DE JOSE LUIS (38 años) «…Bueno, antes que nada, quiero asegurarme de que nadie leerá esto. Ni siquiera mi esposo. Está bien, juré decir la verdad. El señor Juan Martín y yo “teníamos un affaire”, un romance y mi esposo lo descubrió justo antes del asesinato. Sólo atinó a darme una bofetada y decirme “eres una cualquiera”. Hay que decir que Juan Martín tenía una masculinidad muy bien dotada… Lamento mucho su muerte. ¿Si mi esposo lo mató? Imposible, no es tan valiente…»

DICTÁMEN DEL JUEZ: «… y se declara único culpable del asesinato calificado con alevosía al capataz Pedro Gómez, quien, por viejas rencillas con su patrón, terminó asesinándolo porque no le dio una importante suma de dinero que le exigía en forma extorsiva. Cerrado el caso…»

«…y al señor Pedro Gómez lo habría asesinado un sicario por deudas de juego. Caso cerrado…»


                                                                                                                                                               París, 1995.-

Mi querida sobrina nieta Anita: 

¡Qué alegría saber que ya cumples los quince años! Ruego a Dios que tengas un hermoso día, e inicies una etapa feliz. Eres la pequeña que llegó al final de su vida, un regalo especial para todos.  Yo acabo de cumplir los 70 años y siento que no tengo fuerzas, desde que mi amor partió no quiero vivir más. Sé que mis días están contados por eso quiero sacarme este peso de encima. NO ME DESPRECIES MI NIÑA. A pesar de ser hija de mi medio hermano Alberto, se que nos parecemos mucho. La última vez que visité Mendoza te vi preciosa, una niña valiente y decidida, inteligente y llena de vida. 

Se que ahora eres una mujercita, y que entenderás a esta pobre vieja sin juzgarla demasiado, tratando de tenerme misericordia. Si puedes reza por mí… Te confieso que últimamente lo hago bastante seguido , tal vez busco que Dios perdone mis pecados, esos necesito contarte para sacarlos y poder estar tranquila . nunca fui muy espiritual pero las adversidades que nos toca afrontar van moldeando nuestro ser. 

Antes la vida no era así con las mujeres, tampoco es que ahora sea la igualdad que merecemos. Pero al menos mi niña tienes la posibilidad de elegir tu futuro. Si quieres estudiar, trabajar, estar con quien se te antoje. Ojalá que lo logres querida. Yo en cambio no tuve esa elección, por eso se la arrebaté a la vida. Necesito contarte este secreto para que mi alma se entregue y pueda morir en paz. 

A tu edad yo tenía un amor imposible, mi mejor amiga: mi amada Clarita. Aprovechamos que mamá estaba unos días ayudando a tía Margarita que había tenido gemelos. Estábamos juntas besándonos de noche en el cuarto de huéspedes, y sentimos un ruido: era papá. Se puso como loco, gritaba, me amenazaba. La ventana estaba abierta. Después me enteré que Pedro estaba mirando y disfrutando la escena. Tomo a Clara del brazo y comenzó a golpearla.  Le suplique que la soltara y me puse en el medio.  Estaba avergonzada y devastada. Me dijo que era una enferma, que era una deshonra tener una hija desviada como yo.  Por eso, aseguró que me casaría urgente con un estanciero que había quedado viudo. Un viejo detestable, que él me “haría mujer y madre”. LO escupí. Me agarró de la cabellera y rodeó mi cuello con mirada asesina ( la mirada que le vi muchas veces cuando disfrutaba de maltratar a sus peones) y de pronto  sentí sus gritos. Clara había buscado un cuchillo y se lo clavó sin piedad alguna. Ella me salvó la vida. 

La abracé, ya todo había pasado. Pero un ruido en la ventana nos hizo girar y ver con espanto a Pedro. Nos dijo que eramos asesinas. Que para comprar su silencio queria hacer inmundicias con las dos. ¡ Viejo asqueroso, lo nuestro era amor verdadero! 

Clara no se acobardó y yo la seguí. Como el viejo estaba ebrio no podía correr, y al querer huir se cayó al piso. Ahí lo golpeamos con la pala en la nuca, lo herimos y se desmayó. Lo arrastramos y el charco de sangre lo siguió. Lo dejamos en el corral pensando que estaba muerto. Pero no. Cuando se recuperó fue con restos de sangre seca en la camisa vieja. Yo se lo hice notar al juez en mi declaración y lo constató al instante.
 El resto ya lo sabes. Cuando el bastardo se escapó y apareció en la sala de audiencias, Clara estaba ahí protegiéndome vestida de “monja” por si aparecía. Y cuando lo vio apagó la luz y con el cuchillo lo apuñaló enseguida. Ocultó todo bajo el hábito falso y salió sin levantar sospechas. Al juez le vino perfecta la excusa para culparlo del asesinato de mi padre. Le daba un culpable a la muerte estanciero rico,  y al peón que a nadie importaba lo mató un sicario, un cualquiera. Todos felices y caso resuelto. Todo cerró perfecto.

Después del luto debido, pudimos hacer nuestro viaje a París, y vivir nuestro amor libremente y ser felices la una para la otra. Y te confieso que no me arrepiento de nada. Mi madre tampoco era feliz con ese malnacido. Pudo encontrar consuelo en José Luis, luego que su mujer lo abandonara por un petrolero rico recién llegado de Londres. Así es el mundo Anita. Las personas no siempre son lo que parecen. 

Albert fue tan bueno conmigo que merecia la mitad de la herencia. Y tú heredarás la mía. 

Ahora siento mi alma en paz. Se feliz, y vive según tus reglas, lo que haga feliz a tu corazón. ¡Gracias!. 

Te abrazo tu tía abuela Consuelo

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