EL ZAPATO ALEGRE

EL ZAPATO ALEGRE

EL ZAPATO ALEGRE

¿Te conté que mi abuelito era zapatero?

¡Pero no era un zapatero ahí nomás! En su taller se confeccionaban las chalupas o zapatos de payaso más bonitos que te puedas imaginar, se llamaba “El zapato alegre ” su lema era: “no es necesario ser feliz para estar alegre”

Heredó el oficio de su padre junto con las grandes hormas que colgaban del techo girando lentamente como pájaros dormidos y el santo patrono de los payasos, San Ginés de Roma, de bulto entero situadoa la entrada del taller que los clientes adornaban con guirnaldas y milagritos. Fíjate que no sólo de los payasos es patrón, también de los actores, humoristas, bailarines y músicos entre otras profesiones; generalmente había alguien rezando, dejando flores y prendiendo veladoras.

Su fiesta es el 26 de agosto. Cada año era tal el gentío que desde el amanecer la calle se cerraba a la circulación de vehículos; llegaban al taller los músicos, seguidos de las familias de payasos y demás devotos del santo, no tenías que ser católico para asistir, trayendo comida, pasteles dulces y mucho que beber.

Llegaban de todas partes, el taller era muy conocido por su calidad e ingenio.

Las trapecistas y las malabaristas tan hermosas ellas que parecían sacadas de una revista nos tenían con la boca abierta. Una brasileña acompañada de su mono araña se robó el corazón y las carteras de los presentes, era tan hábil el monillo que nadie se daba cuenta hasta que su dueña mostraba el objeto preguntando a quien pertenecía; lo más notable, una gitana que te leía la mente: piensa en un objeto, yo pensé en un cocodrilo con un collar rojo y lo adivinó! Margareta, así se llamaba, vivía a la vuelta del taller en un “vecindario” de gitanos; varios trabajaban en los circos como ilusionistas y malabaristas, en sus ratos libres forjaban el hierro y cacharros de cobre. doña Maga leía la mano y el tarot, sus clientes se contaban por docenas. La primera vez que me vio me dijo: en vidas pasadas fuiste gitano, está escrito que vas a aprender a leer la mano y echar el tarot y algún día tu destino te llevará a Saintes Maries y visitarás a Santa Sara; así ocurrió pero esa es otra historia.

Los chinos, vestidos con sus hermosos trajes aprovechaban para dar tarjetitas con la direcciòn de los sastres que los fabricaban en “veintecuatlo holas” presumían.

Por la tarde, después de la misa y bautizo de los críos dada por un sacerdote que en su juventud fue equilibrista, un mal paso lo bajó del alambre, bien comidos y bebidos representaban la historia del santo y su martirio.

Resulta que todo sucedía en el siglo III. Ginés era un actor romano; un día se le ocurrió remedar frente al emperador Dioclesiano un bautizo al que había sido invitado unos días antes; al estar recibiendo con gran burla el agua, sucedió el milagro. En ese momento se convirtió al Cristianismo, eso dice la leyenda; de nada le sirvió declarase cristiano, fue torturado y decapitado.

Más tarde la Iglesia lo declaró mártir y patrono de todos aquellos que ejercieran las artes escénicas.

El baile y la fiesta duraban hasta el amanecer. Las familias esperaban este día para presentar a sus hijos; cuantos romances nacieron de esa fiesta! al siguiente año los veiamos llegar con sus retoños a presentarlos al santo.

Llegar de la escuela y correr al taller para ver quien estaba con el abuelo, era cosa de cada día.

Mi abuela la mal pensada decía que lo que nos atraía era el aroma de agua de celaste, pegamento a base de solventes usada para pegar las suelas, que nos hacía ver visiones, vete a saber.

Mis abuelos se conocieron cuando él fue a entregar unos zapatos al circo donde mi abuela cubierta de pies a cabeza con un hermoso traje de lentejuela plateado salía disparada de un cañón; hija y nieta de cirqueros quería ser payasa, pero su padre se opuso, esas representaciones sólo los hombres pueden hacerlas, las mujeres payasas no son bien vistas. Cuando vió la pelicula “La strada” se enfureció. No que no hay mujeres payasas? le reclamó a su padre, hasta las premian con un oscar!! y más tarde bautizó a su hija, Gelsomina, en recuerdo de la payasita.

Retomando el cuento; el día que el hombre bala huyo con la mujer araña, Dios la castigó y la convirtió en araña por pegarle a su mamá, minutos antes de la función, Lucrecia que era alta y delgaducha  se ofreció a suplirlo; por el apremio, era uno de los atractivos del circo, aceptaron y resultó un éxito completo. Desde entonces la abuela salía disparada cada noche hasta que por el embarazo ya no cupo en el cañón; cuando nació mi tío Charles, todo el circo tenía curiosidad por ver “si no venía con la cabeza entre las bolas” afortunadamente no, pero si con amor al peligro de volar; ahora hace deportes extremos como lanzarse del los picos más altos ¡amarrado de un hilito!, dice mi abuela que no se acuerda que ella salía disparada de un cañón sin más protección que un casco de plástico.

Entrábamos calladitos; no creas que todos los payasos son alegres o les gustan los niños. Hay payasos que llorando hacen reír; el público ríe creyendo que el pobrecito está actuando cuando en realidad llora porqué está triste.

Había uno ya viejito, que cuando entrábamos al taller comenzaba a rascarse como desesperado y a arrancarse las pestañas; el abuelo nos mandaba salir. Más tarde nos contó que cuando joven, Marco había estado prisionero en un campo de concentración dónde lo obligaban a actuar delante de los niños que entraban a los hornos para que no se alborotaran; ahora estaba internado en un hospital psiquiátrico. De vez en cuando se escapaba y venía a refugiarse en el taller; mi abuelo lo mantenía tranquilo platicando, comiendo galletas y recordando trucos y bromas hasta que los encargados del hospital lo recogían. 

Otras veces los clientes nos hacían partícipes de sus encargos preguntándonos cosas como: ¿que color les gusta más? ¿Así o más grande?

¡Cómo reíamos cuando caminaban con los zapatos pedorros! ¿Pedos ardientes? fiuuuufiuuu y salían unos sonidos largooos, delirantes, llenos de intención acompañados de chiflidos y besos sonoros; ¿pedos amorosos? sonidos cortitos como maullido de gatito y por la punta del zapatón aparecían burbujas de jabón color de rosa que nos hacían gritar de emoción. Por nuestras risas notaban que la invención funcionaba y nos lo agradecían regalándonos boletos de funciones pasadas en ciudades desconocidas.

Alegrías y pesares, así eran los días en el taller.

Y no se diga cuando llegaban los “muchachitos”, como les decía el abuelo a la pareja de enanitos húngaros, don Attila y doña Zsa zsa Gabor, acompañados de sus seis chihuahueños y el gran danés arlequinado que jalaba la carretela con la pareja vestidos como principes cuando encabezaban el desfile circense; los perritos y perrote más educados y simpáticos que he conocido.

El matrimonio Gabor, pequeño pero bien formado era hermoso, gentil y bienhablado; la ropa estaba hecha con finas telas y discretos adornos; Zsa zsa parecía hecha de miel. Toda ella era dorada; su piel, su pelo, sus ojos; él lucía brillante pelo castaño, ojos verdes y un coqueto bigote con las puntas levantadas.

Parecen figuritas de Lladró, comentó mi abuela la primera vez que los vio.

Entre los dos confeccionaban la ropa de sus perritos y del gran danés, colorida y llena de oropeles; nos maravillaba verles tan obedientes y graciosos hacer lo que Attila les indicaba, brincar, rodar, pasar por el arco y lo más admirable, cuando zsa zsa hacía su presentación, los siete haciendo exactamente lo mismo.

Ambos eran músicos, se conocieron en un recital de violín que dio Attila. ZsaZsa tocaba la cítara; nunca pudieron eliminar las barreras de prejuicios que su estatura causaba y terminaron trabajando en los circos donde eran bienvenidos ya que aparte del atractivo físico tenían un acto fuera de lo común.

Como buenos húngaros representaban actos de las operetas más conocidas de su paisano Lehar, “La viuda alegre” entre otras, con sus magníficos atuendos; Attila tocando en su pequeño violín los números musicales de las operetas, los perritos y el gran danés ataviados a la época y bailando el vals en dos patas con “la Viuda” causaban sensación y el público de pie, pedía ancore con aplausos y gritos de ¡bravo, bravo!

Mi abuelo y Miky, el gran danés, hicieron clic desde el primer momento;

A Miky también le encantaban las galletas y ahí los veías cuando llegaba el perro al taller, el abuelo con su caja de galletas y Miky sentado frente a él: una para ti una para mí, una para ti y una para mí. Finalmente se quedó a vivir con nosotros, ya te contaré porqué.

Tenías que llamarte Lucas como el monstruo come galletas le decía la abuela, cuando a la hora de lavar volteaba los bolsillos y los encontraba repletos de migajas.

Pasaron unos meses, el circo de los Gabor se fue de gira por Europa.

Un día los vimos llegar; antes de entrar se detuvieron frente al altar de San Ginés, prendieron unas veladoras, depositaron unas flores y estuvieron por un rato largo rezando en su idioma.

Entraron y nos saludaron con la cordialidad de siempre, trajeron para abuelo una botella de licor húngaro, pálinka dijeron que se llamaba y a nosotros los niños chocolates y otro postre con nombre impronunciable que nos comimos allí mismo acompañado con sorbitos de licor robados a la copa del abuelo.

Terminados los postres pidieron hablar a solas con el abuelo.

Nunca más los volvimos a ver. El abuelo nos contó mucho tiempo después la triste historia. Ese día le pidieron que adoptara al Miky y le entregaron una carta, por favor, ábrala mañana, le dijeron.

Querido don Lucas: por favor cuide de nuestro amado Miky. Nosotros partiremos a un viaje sin regreso con nuestros seis chiquitos. A pesar de nuestras precauciones Zsa zsa ha quedado embarazada y decidimos que no queremos que nuestro hijo sufra lo mismo que hemos sufrido nosotros. Encomendamos nuestra alma a San Lucas y la Virgen María, ella conoce nuestra angustia y sabrá perdonarnos.

Attila y Zsa zsa

Miky se quedó en el taller comiendo galletas sentado a la entrada en espera de sus amitos; a veces por la noche lo escuchábamos gemir y ladrar quedito como si estuviera hablando con alguien.

Varios años más tarde mi abuelo y el gran danés murieron el mismo día con horas de diferencia; primero se durmió el perro a los pies de mi abuelo; me está esperando del otro lado para que le de su galleta, comentó tranquilo, a poco cerró los ojos y partió en busca de sus amigos acompañado de miky comegalletas

Estoy segura de que así fue.

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