El café ya parece tibio y un poco cargado de azúcar,  esté pasa desapercibido por una mirada que anclada parece estar contemplando fijamente lo que no quiere que el tiempo robe en su corta estancia en ese peculiar lugar.
Una leve sonrisa acompañada de unos ojos que parecen contener las lágrimas que surgen inmediatamente, 

«Qué podría repetir tal escena, más que un recuerdo». 

Sí, ese recuerdo innecesario  surge en ese tiempo que día a día parece pasar por el pensamiento de aquel visitante, como una solemne escena busca la misma mesa y acomoda su silla como que un pintor estuviera plasmando en su lienzo aquel momento.
No juzgues de primera mano aquel peculiar visitante, tienes que conocer del por qué aquel ritual matinal. Él es solo un fiel guardián de una promesa que en ese lugar se darían una esperada cita, que unos ojos color marrón claro atravesados por la luz de una radiante mañana derretía el corazón del que fijamente los contemplaba, es más, fueron éstos los que atraparon a aquel fiel guardián. Pero qué ganaría nuestro amigo de aquella interminable espera que inconscientemente sabía que jamás sería cumplida.
Un día nuestro fiel visitante no llegó a su cumplida cita, todos los que lo habíamos visto pensamos que sus años le habían vencido, o que su ánimo había terminado, pero llegada la hora de cerrar tan concurrido café inicié mi camino hacía mi hogar, caminando y dando gracias a Dios por aquel buen día.
Cruzando el parque que usualmente atravesaba todos los días, vi una silueta encorvada que lentamente avanzaba en aquella plaza, al percatarme me di cuenta que era aquel anciano que por años nos plasmó la misma escena.
_le extrañamos en el café le comenté _.
Él sonriendo fijó la mirada en mí y al reconocerme contesto _ Gracias joven yo también les extrañe, pero recapacite en que las promesas no solamente se esperan en un lugar donde uno cree que sucederán, he decidido salir a aventurarme a que me sorprenda el destino sabiendo que todo estará bien. Y quien sabe que me recompense de tan larga espera, quedaría satisfecho de tan solo de volver a contemplar aquellos bellos ojos color marrón claro.

<«Hay circunstancias que te hacen estar fuera de casa, pero tu decides cuanto tiempo estarás a la deriva.»>

Ya sin la esperanza que alguien le rescatara estaba Luis, tratando de sostenerse de un tronco de un árbol que providencialmente estaba en medio de el océano, ya sus manos no soportaban el frío y sus piernas han dejado de moverse, es más, siente que estas ya no le acompañan, ya sus lágrimas habían sido contenidas por lo salado del mar recordando todos los sueños que había anegado, por las noches trata de acomodarse para ver las estrellas, las que le alumbran todo a su alrededor como si fuera el único que existiera. Pensando en dejarse vencer, una voz en su interior ¨Todo va a estar bien, No te rindas un nuevo hogar te espera¨. Y animado por aquellas simples palabras, más se aferraba aquel tronco.
Solo recordaba los gritos de los acompañantes que desvalidos ante la fuerza de una tormenta, su navío había sido destruido, todo lo había perdido por encontrar paz en una nueva tierra, una que no fuera tan cruel como en la que había nacido. Sin parentesco que le recibiera, ya que la cruel guerra le había negado todo sueño, es más hace percibir la vida como una hojarasca que el viento despoja de un lado a otro sin poder decidir un buen lugar donde poder reposar.

Ya inconsciente, aún el sol no mostraba su potencia, a lo lejos escuchó unos fuertes gritos en un idioma que no entendía pero le parece conocido, cada vez los escuchaba más cerca.

_ Tengan cuidado al subirlo _ 

Luis trataba de abrir sus ojos pero estos estaban inflamados por los golpes el sol y la sal de tanto llorar. Siente como lo sujetan y cuidadosamente le colocan en un lugar tan suave que llegó a pensar que ya había muerto, dejó descansar su cuerpo, que después de 5 días a la deriva en el mar parecía parte de aquel tronco que fielmente le había sostenido, desorientado y asustado de no entender el idioma que aquellos apresurados rescatistas hablaban.
Un silencio y unas suaves manos que acomodan una sábana le hicieron recobrar la conciencia, al abrir sus ojos sorprendido, unos hermosos ojos color marrón claro le recibieron acelerando su corazón haciéndole recordar que aun no estaba muerto, con una voz suave,¨Todo va a estar bien¨ susurró la bella extranjera, pero admirado ya que esta habla su natal idioma.

El brillo apacible del amanecer le hace encontrar fuerzas para sentarse, tratando de reconocer aquel desconocido lugar, algo diferente a donde sus amaneceres anteriores le habían despertado, un olor diferente y un sentido de seguridad Luis siente como que le han dado una nueva oportunidad, sus manos aun con marcadas cicatrices, que quedaran de recuerdo de aquella trágica temporada.

Buenos días, está usted bien? Pregunta la portadora de aquellos hermosos ojos. Es un milagro de verle sentado y con un brillo agradable en su rostro. ¿Cual es su nombre? Preguntó la agradable enfermera. Mi nombre es Luis, contestó tímidamente.

Mi nombre es Liz, soy enfermera, he estado pendiente de su recuperación, ya pasó una semana desde que le rescataron. El doctor vendrá pronto, él quiere hacerle algunas preguntas, pero no te preocupes todo va a estar bien.
_ Buenos días Luis, dijo un anciano con un estetoscopio en el cuello, mi nombre es Alexander, como te sientes, hay algún dolor o algo que te incomoda _, Laura presta a traducir comunica todo lo que el médico le indica a Luis.
_ Si, todo está muy bien, gracias por ayudarme a recuperarme, estoy muy agradecido con ustedes.
_ Necesitamos un poco más de información a cerca de ti, ¿De donde vienes, tienes familia a quien llamar, como llegaste al océano? Pero tomate tu tiempo, cuando estés seguro puedes hacerlo _
_ Mi país se adentro en una guerra sin sentido, haciendo que muchos perdiéramos a nuestras familias, por el simple hecho de no colaborar con los grupos opositores, o los que están en el gobierno, no hay futuro para las personas, sea cual sea tu decisión puedes encontrar la muerte, yo perdí a mi esposa e hijos, trate de escapar y poner a salvo mi madre que ya estaba anciana, tratando de llegar a un lugar seguro, un amigo nos prometió llegar a la costa de un país seguro, al adentrarnos en el mar una tormenta nos hizo perder el rumbo y destruyó la pequeña lancha en la que veníamos junto con 20 personas adultos y niños, suspiro y con voz entrecortada hizo una pausa, y unas suaves manos limpiaron sus lágrimas, era Liz que dijo ¨todo estará bien¨.
Al día siguiente Liz entra pensativamente al cuarto de Luis, Tengo buenas noticias, mañana te enviaran a un refugio en un país en donde tendrás muchas oportunidades, Me hubiera gustado mostrarte esta ciudad es muy bonita, ¨ Liz es un enfermera voluntaria, ella es de España, pero de pequeña sus padres vivieron en una pequeña provincia en país de Luis, hasta que cumplió su mayoría de edad estudió enfermería y se enlistó como voluntaria de los cuerpos de Paz¨. Tengo una idea, la mejor vista de esta ciudad es por las tardes, hay muchos lugares en donde puedes ir a caminar, o sentarte en una plaza y disfrutar de un buen café, vendré por ti por la tarde no te preocupes por tu ropa, he conseguido algo para ti.
Luis ansioso por aquel esperado paseo, tendrás que ponerte este uniforme de enfermero para salir, con los ojos muy abiertos, sorprendido sabe que aquel no es un paseo con permiso oficial. Saliendo por la parte trasera del hospital, Luis admirado tomaba de la mano, al fin se encontraron caminando tranquilamente entre la gente que caminaba pacíficamente la plaza estaba con mucha gente, admirado por lo concurrido, y muy diferente a las calles polvorientas de donde había nacido. Después de haber caminado un poco por la plaza, Vamos tomaremos un café en este lugar que es mi favorito, además de ser bonito. Adentrando Luis admirado de tanta elegancia se sentía ajeno aquel mundo en que Liz le había introducido. Dos café, dice Liz amablemente al mesero, Luis se da cuenta que aquellos ojos marrón claro brillan más que nunca, el mesero sirve el café siendo la primera vez que lo degustaba, frunce su rostro al sentir lo amargo de aquel café, pon un poco de azúcar dijo Liz, y parecía casi un jarabe de lo dulce, fue perfecto para poder disfrutarlo. Luis no dejaba de contemplar aquellos bellos ojos, y ver sus rizos descansar sobre sus hombros. hasta al punto de hacer sonrojar a Liz.
Eres muy osada, dijo Luis, en mi cultura la mujer no puede ver a los ojos a los hombres, ni mucho menos dirigir la palabra a un desconocido, lo peor tocar su mano a no ser que necesites algo, peor aún animar a un hombre es como desafiar su hombría, mas tu desde que me viste constantemente me dices que todo estará bien. Me he dado cuenta de lo absurdo de mi cultura y de lo que estamos dispuestos a perder por orgullo.
Mañana es mi último día como voluntaria en este país dijo rápidamente, Hacia donde vas? Preguntó Luis, hay una crisis en el sur de Libia, necesitan mucha ayuda, muchas vidas se están perdiendo por las epidemias, hay poco personal y necesitan mucha ayuda. Aún no se a que lugar te enviaran pero en las primaveras regresaré a esta ciudad, si algún día puedes regresar, aquí será un buen lugar, pregunta por mi en este lugar, y espera…

Llegó el día de la despedida, Luis espera ansioso para ver por última vez a aquella osada mujer que le mostró lo diferente de la vida. El se encuentra paseando en el pequeño parque en la entrada de el hospital, de repente con un chaleco café y una falda avivada por unas pequeñas rosas, los rizos parecen cobrar vida en el viento y al acercarse lo único que desea Luis es ver aquellos lindos ojos que le roban su aliento. Liz se acerca sonríe, lo dos como una mágica melodía se funden en un abrazo y sella ese momento con ese deslumbrante beso, el tiempo parece haberse detenido y parece un nuevo nacimiento para Luis, que deja entrelazada su alma. Liz con una respiración apresurada y con una voz entrecortada susurra, te esperare en primavera.

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