LA ÚLTIMA VENTANA

LA ÚLTIMA VENTANA

aure

03/03/2021

LA ÚLTIMA VENTANA

Van pasando y después de observarme fijamente se retiran, dando espacio para que otro ocupe su lugar detrás del cristal de esa gran ventana que nos separa. El primero en asomarse ha sido mi marido. Ha estado un buen rato mirándome. Se detuvo con un interés desconcertante. No conocía esa mirada suya, tan fija y a la vez lejana, como absorto o quizás reconcentrado en lejanos paisajes mutuos de otros tiempos. Por momentos me pareció que sus ojos se licuaban desde esta semi oscuridad que me rodea, en esta calma helada que me envuelve. Le ha apartado, con mucha delicadeza, su mejor amigo. Con un leve toque en el hombro le ha retirado, y me ha mirado con tristeza. ¡Qué diferente es su mirada ahora de aquella que recuerdo encendida de pasión… hace tanto tiempo! Nos amamos y juramos guardar el secreto hasta la tumba y hasta aquí lo he guardado. Se muestra ahora, tras la ventana, mi querido hijo llorando sin consuelo. Le acompaña su esposa, algo recelosa al mirarme. Es un buen hombre, responsable y cariñoso, pero nunca le llegué a decir que no es hijo de su padre. ¡Adiós mi vida! Me perderé la alegría de ver crecer a mi nietecito. Le dejo con tres añitos y me pregunto cómo será cuando crezca, qué estudiará, a quién amará… Le faltaré para decirle que, de esta vida solo obtendrá aquello que haya dado con el corazón… Ahí están mis amigas, esas que conocen mejor que nadie mis secretos, mis miedos y mis alegrías. ¡Hemos compartido tantas cosas durante toda una vida…! Sé que me lloran con lágrimas sinceras; a pesar del frío intenso que me abraza, siento el calor de su verdadera amistad. ¡Oh! …, mis ancianos padres se acercan ahora. Tocan con temblor, una y otra vez, el cristal de la ventana que me aparta de ellos para siempre y me separa de sus vidas. Dejan sus huellas húmedas en el cristal con sus manos temblorosas manchadas de lágrimas. Los ojos de mi padre apenas se adivinan, están sus párpados rojos y escocidos por el llanto. Mi madre mueve la boca, me habla, pero no la oigo, aunque sé leer en sus labios lo que me está diciendo. ¡Yo también te quiero, madre! Dan besos al cristal que nos separa y quisiera recibirlos como cuando era una niña. ¡Qué menguada y menuda se queda la carne de los ancianos…! ¿Qué encogidos y debilitados por el peso de los años? ¡Pobres!… No hay mayor dolor para unos padres, que sobrevivir a sus hijos… Cuántos recuerdos que se debilitan. Cuántas cosas pendientes me quedaron por hacer. Cuántos libros por leer. Cuántos amaneceres por contemplar. Cuántos besos aún por dar… Las coronas de rosas, claveles y crisantemos me acompañan. Las cintas dicen que me quieren, que me recordarán siempre. Una cruz de bronce con un Cristo crucificado parece observarme en silencio desde mi cabecera. Estoy envuelta, ceñida en un raso blanco, aquí adentro de esta morada perpetua de madera. En unas horas correrán las cortinas de esa ventana a la vida y ya solo me acompañará, tal vez, la oscuridad para siempre.

MARIDO

Al llegar a casa busco alrededor las sombras del ayer. Ríe tu boca perdida por toda la casa apagada. Percibo en mis oídos una copla conocida mezclada con el rumor del silencio. Cariño, cariño mío. Ramito de mejorana. Espuma que lleva el río. Lucero de la mañana…
La chimenea sin fuego me deslumbra de gozo y bienestar, a pesar de saber que es un calor apagado para siempre. Las nubes negras de tormenta, amontonadas, están detenidas sobre la línea del horizonte, parece que pesan y me quebrantaran los huesos. A mi alrededor todo es silencio. Todo se oscurece y las paredes y las cosas se han cubierto con el color de tu ausencia. La poca claridad que aún queda es una luz dolorosa. Poco a poco la penumbra se descompone con la entrada de las tinieblas. Una escasa lucidez se filtra y rompe la armonía de mi tristeza. Ese débil albor no es capaz de disipar tu silueta sobre la pared. Perfilada en negro tu figura pareciera revelar el espectro de una aparecida… Quizás sea el sueño de un cerebro fatigado, abrasado como el carbón después del incendio. Reconstruyo en esa sobra los recuerdos… Contigo los colores tenían nombre y el sonido no era el silencio. Al recordarte, hormiguea por mi interior un reguero de alegría; como un niño que desea llorar, pero no puede porque le inunda una especie de contento, de gozo, que le impide el llanto… La superficie de tu sombra está hecha con la misma materia de mi corazón. Los tantos años vividos contigo se sueldan a mi cuerpo con extrema dureza. Fueron muchos y ahora, con tu ausencia, me pesan como una losa. Así es como pasan las cosas sobre la tierra y las personas… El agua cae con fuerza. Los tejados inclinados vierten el líquido elemento de los cielos. Chorrea la lluvia de tal modo, que pareciera que el mundo va a sucumbir con otro nuevo diluvio. En un espejo roto se reflejan los fragmentos de nuestra vida como materia repetida en formas geométricas. La confusión parece cubrirlo todo con una neblina entre el silencio… Se me rebosaba el alma por la boca cuando me besabas… De cuando en cuando una ráfaga de aire fresco hacía palpitar la naturaleza y los olivos removían sus hojas plateadas dando cobijo a nuestros jóvenes cuerpos. Las lindes de los huertos, hechas de paredes de piedra antigua, nos ocultaban de las miradas mientras el pueblo dormía la siesta, y las cigarras somnolientas proseguían con su infatigable chirrido. Las horas de bochorno las pasábamos juntos hasta que las sombran se alargaran en el suelo y, en la lejanía, el hondo del cielo se prendía como un incendio y teñía el horizonte de púrpuras anaranjados… Me cuesta creer que al otro lado de la muerte haya otra vida, cuando en esta juntos encontrábamos el paraíso… Oigo tus canciones que llegan de lejos, a través de la distancia del tiempo. La casa sin ti está vacía. Está llena de tu ausencia, de los pedazos de nuestras vidas en el recuerdo… De aquel tiempo atrás todo está lleno, todo se ilumina y me sobrecoge un escalofrío. Los recuerdos se han encendido y devoran las sombras. Me hace latir de nuevo este corazón de difunto después de tu muerte. Esa llama hace visible la ceguera y me provoca la risa, me trae los besos y los abrazos. Esa luz caliente apaga mi llanto… Nuestros cuerpos resplandecientes se entrelazaban con la música y con las canciones que salían de tu boca… Ahora toda mi vida está hecha añicos… Cuando saliste de esta casa para siempre, te fuiste con mi amor a cuestas. Todo esto hace que salga mi corazón por el aliento, y si no llorara me ahogaría. Me parece imposible que tu cuerpo muerto esté frío bajo la tierra y sin latidos. Tu alma, ¿a dónde se ha ido? La muerte nada sabe de almas. La muerte no para, no deja de llevar carne al cementerio. Siento que desfallezco sin ti, y me quedo como sepultado en un rincón. Un pedazo de vida soy en una tormenta de llanto que se rompe con un trueno. De luto vivo cuando llega la noche. Me muevo en la cama de un lado para otro con los ojos abiertos en un silencio solitario. Te busco y no te encuentro… No se oye ni un murmullo siquiera. La ausencia de luz solo me trae luto, un desear morirme de una vez. ¡Cuándo se acabará este mundo!

AMANTE

Como el que acoge y estrecha el agua

pretendiendo retener entre mis brazos

tu cuerpo hecho de recuerdos.

Abrazado al agua de una corriente cálida

observo las olas sin retorno

que huyen hacia un mar de muertos.

… Escribo estos versos pensando en ti, en todo lo vivido contigo. ¡Dios mío!, cuánto te gustaba la vida… Mi vida sin ti siempre careció de sentido.

HIJO

Por la noche te apareces sin colores, vestida con vaporoso luto. Más alta, más delgada y pálida; algo distinta. Y te sientas sobre mi cama.

—Te tienes que ir, madre —te digo.

—¿Otra vez? ¿Adónde?… si ya me he muerto.

Ruedan lágrimas por tu transparente mejilla. Desmayado, abrazo tu regazo entre una niebla de desesperanzas. Como un chiquillo gimo, me ahogo por el llanto hondo, sin consuelo.

Oigo que me dices:

—Prenda. ¿Cuándo se termina esta eternidad?…

Y sin aire me despierto.

PADRES

Hija, que duro es vivir después de morirte tú… Un fuerte golpe sobre el cristal nos sobresalta. Un vencejo yace sobre el alféizar de la ventana moviendo torpemente la cabeza. Está lastimado, y a través de un ojo deja caer una mancha de sangre sobre la piedra caliza. Sus alas tratan de ponerse en vuelo sin conseguirlo. Observamos su desespero, muy parecido al nuestro… Es un ave oscura. Sus plumas brillan como la seda. Su cuello es ligeramente agrisado, como las nubes de plomo a punto de arrancar agua. Nos mira con el ojo bueno. No hacemos nada por aliviar su mala suerte. Va a morir y no hacemos nada por remediarlo… No nos quedan fuerzas para seguir sufriendo, hija… Sus cortas patas vueltas hacia arriba se mueven y propinan leves arañazos al cristal. Ese pequeño roce es como un lamento. No cesa de mirarnos. Su pico está astillado y medio abierto, el daño ha obligado a su diminuta lengua de carne a sobresalir ensangrentada…Vemos el retrato de tu boda enmarcado en la pared y abrimos la ventana de par en par. Azota nuestro rostro un fuerte viento solano que penetra con fuerza hacia el interior de la casa, inundándolo todo de un calor mortal… Apenas nos deja respirar la pena por tu ausencia. Con el llanto se posa un sabor amargo en las gargantas. Oímos que gime el pájaro, o tal vez seamos nosotros dos…

AMIGAS

Tu presencia era vida y hormigueaba por nuestro interior un reguero de alegría al verte… Así te recordamos. Olores de tierra y plantas sin nombre te cubren ahora, querida amiga. Pretendemos que la vida siga sin ti, que continúe y eso a todas nos parece imposible. Somos caducas, perecederos como la fruta. Hay que joderse… Sentimos pena y un vacío en el pecho sin alivio… Te lloramos. Tu recuerdo nos proporciona momentos especiales de silencio, o se acumulan y atropellan por salir de nuestras bocas. Se nos hace extraño que ya no estés. Que no existas. Angustia el hecho de que jamás volveremos a vernos. ¡Qué cerca está el amor del llanto, amiga…!

©2021 aurelio garcía

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