La rebelión de las especias

La rebelión de las especias

Felicia Sanz

26/07/2020

Una fría noche de invierno, reunidos frente a la chimenea, se hallaba un grupo de especias. Todas alardeaban de sus magníficas propiedades. Algunas más modestas, otras más presuntuosas. Cebolla, que brillaba por su sensibilidad, no podía evitar emocionarse. A la mínima lloraba, y era capaz de contagiar a los demás condimentos en cuestión de segundos. Ajo, por el contrario, solía ser rechazado por el resto del grupo. Era imposible acercarse a él sin que provocara nauseas al resto, más aún cuando estaba crudo. Anís, el más dulce de todos, se ofreció a ayudarlo, pero Canela, que era demasiado celosa, no quería compartirlo con nadie. Melisa, la más relajada, intentó mediar para llegar a algún entendimiento. Era evidente que tanto ella como Tila, no morirían de un infarto.

Entre tanto, Ajo observaba las desavenencias de sus compañeros de aderezo. Su situación era demasiado cruda, así que en un acto de valentía, decidió darse una vuelta con Aceite, decantándose por Virgen Extra, de entre todas sus pretendientas. Suficientemente frito, se acercó a sus compañeros, que sorprendidos de su nuevo aspecto y agradable aroma, quisieron aceptarlo como nuevo miembro del grupo. De esta forma lo animaron a unirse a la pandilla, al grito de: “¡Ajo, no te piques tanto!”, a lo que éste, visiblemente ofendido respondió:

-Cuando estaba crudo, fui rechazado. Sin embargo me aceptásteis cuando fui tostado. Y ahora me marcho con quien no intervino, pues realmente todos vosotros: ¡Me importáis un Comino!

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