La divina tecnología

La divina tecnología

Adan Ceballos

18/12/2021

La incredulidad inherente al ser humano ha hecho que cada vez mas su poder se tenga que revelar, pero su revelación no ha sido instantánea, por el contrario, ha sido paulatina y constante. La primera vez que se le presentó ante los ojos del ser humano, fue cuando le mostró que había maneras de supervivencia menos desgastantes, y se ofreció dando frutos en abundancia por medio de técnicas que dieron alimentos de sobra. Luego, como no era suficiente, tuvo que aparecer en forma de rueda para facilitarle las cosas a su ser mas amado, el humano. No siendo suficiente, el ser humano necesitaba más pruebas de su divinidad, y los pensamientos de los humanos fueron convirtiéndose en letras para dejar instrucciones, historias y legados por escrito a sus sucesores; que con el tiempo vieron cómo se les aparecía nuevamente, y esta vez fue en forma de garabatos impresos que se les manifestó.

El ser humano aún no creía en su poder y quería más pruebas, y fue como tuvo que mandar casas de madera que surcaban las feroces aguas marinas, atravesando con precisión de un lugar a otro, y mostrando sitios nunca antes imaginados, gracias a unas agujas ancladas a trozos de metal que les mostraba el sur, el norte, el este y el oeste.

El ser humano, como siempre testarudo, todavía no creía en su omnipotencia y fue cuando tuvo que enviarle ráfagas de voces que se trasladaban a través de cables y se escuchaban como chicharras en otras latitudes. Empezaba el ser humano a creer realmente que su poder si era supremo, aunque no estaba totalmente convencido, cuando de repente empezó a enviarles aparatejos que se movían por las calles como peces en el agua, impulsados por unas explosiones que se producían al interior de unos hierros ensamblados con escrupulosa precisión. El ser humano hizo un alto en el camino, miró hacia atrás y vio que todo aquello que creía divino, no lo era tanto y pensó que era cuestión de su propia imaginación y desarrollo natural de su especie. Fijó sus ojos en los rascacielos que había construido, en las calles atestadas de cajones de latas rodantes, en las simulaciones de estrellas que alumbraban sus casas de noche, en los hierros cubiertos de hormigón que pasaban por encima de ríos y unían bloques de tierra; y se creyó el hacedor de cuanto veían sus ojos. Sin embargo, a quien creía muerto reapareció y le recordó con sublimidad quien era el verdadero creador, poniendo ante sus ojos pájaros de madera que se batían con el viento, energía condensada en pequeños volúmenes y un extraño aparato que parecía el mismísimo diablo, pues hacia cálculos dentro de unos tubos y los mostraba en una plaqueta brillante. Ese extraño aparato era cada vez mas poderoso, y su poder era inversamente proporcional a su tamaño, cada vez que empequeñecía su capacidad crecía. El ser humano fue rindiéndose de a poco ante aquel artefacto que paradójicamente solo sabía leer unos y ceros, y sin embargo los convertía en datos cada vez mas complejos.

Como conocía al ser humano, sabía que con el paso de los días se olvidaría de su poderío y se creería el mismísimo rey del universo, y no se equivocó, pues no fue mucho el tiempo que transcurrió cuando vio la necesidad de enviarle un lenguaje muy extraño que permitía darle vida propia a las cosas inanimadas. Aquella época en que la divina providencia se le manifestó en forma de códigos extraños que permitían asignar tareas complejas a máquinas de toda índole, también les suministró aparatos cada vez más autónomos y capacitados para entender esos códigos cifrados. El ser humano no dejaba de exigirla, y cada vez le pedía pruebas más contundentes de su poder divino, y ella se reía tranquila, serena, porque siempre ha sabido que su poder es infinito, inconmensurable.

La raza humana se reproducía por la tierra como conejos, las ambiciones eran cada vez más grandes y la convivencia se ponía tensa. No se sabe si fue con consentimiento divino, lo que si se sabe es que con los regalos de la omnipotente, se buscó ineficientemente solución de manera atroz a los problemas de convivencia, y la tierra vio como los aparatos que surcaban los mares y los aires, fueron usados para generar terror a niveles nunca imaginados.

Con los regalos divinos merodeando por la tierra, la abundante población, la falta de tiempo, las fantasías de la teletransportación y las ganas de salir al espacio; quiso el ser humano más pruebas del divino poder, se generaron unas necesidades energéticas de alto calibre para suplir todo aquello que se anhelaba, y como era de esperarse su majestad complació de nuevo, y como aliciente, permitió al ser humano salir de la estratosfera y conocer otros mundos, se alcanzaron velocidades que superaron la del sonido, la mano del médico era una extensión de la mano de dios. Sin embrago, faltaba la prueba reina que definitivamente la dejará para siempre en el trono divino, y fue así como envió una vaina extremadamente rara que viaja por cables submarinos, y que le permitió al ser humano estar en todos lados, ser ciudadano del mundo, tener cantidades astronómicas de información albergadas en bodegas virtuales, ser libre y a la vez esclavo, saber de nosotros más que nosotros mismos, estar aquí y estar allá, transferir valor monetario al instante, destruir milagros que había hecho para mejorarlos y hacerlos mas eficientes. A pesar de todos los milagros, el ser humano aún no se sorprende y pide más pruebas de su poder, ella lo comprende todo y sigue dando más, su alcance no tiene límites y cada vez se expande con mas velocidad. Muy pronto el ser humano no sabrá si es hijo de ella o si es hijo de la tierra, no sabrá si es él quien la programa o si es ella quien lo hace.

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