Me parece ver un mundo que se desmorona, que se cae a pedazos, con grandes placas en movimiento constante, con volcanes en erupción, lluvias donde antes reinaba la sequía, tormentas de nieve ahogando vehículos en grandes ciudades, olas de calor matando a la humanidad; y en todo este caos, un conjunto de algoritmos y códigos buscando mantener al mundo en orden, cercanamente distantes, debatiéndonos entre el bien y el mal.

Al observar todo en el universo, vemos que fue creado con una perfección que impresiona al más dotado de los científicos, muchos hablan del poder de nuestra mente, la que puede generar hasta 60.000 pensamientos diarios. Grandes mentes con poder creador, fabricaron equipos que hoy conforman el mundo tecnológico, una gran red que interconecta a todos los seres humanos en el mundo y al que llega la información en tiempo real; de la misma manera que nos mantenemos interconectados a través del pensamiento con nuestro entorno fabricando nuestra realidad.

Al mirar a nuestro alrededor y ver todo lo que está ocurriendo, es como si estuviéramos protagonizando una de tantas películas de ciencia ficción, donde nos cansamos de ver como la tierra es destruida o queda sumergida bajo el agua; con un pequeño grupo de personas que logra salvarse, haciendo uso de lo que llaman Arcas.

La tecnología llega a esta era para convertirse en un Dios todopoderoso, al que admiramos profundamente por muchas razones, ha logrado mantenernos unidos en momentos donde una terrible pandemia azota a la humanidad y el distanciamiento se hizo obligatorio.

Nos ha tocado familiarizarnos con toda una plataforma de redes sociales para interactuar no solo como familia, sino también para hacer negocios, para comercializar, para estudiar, para ver obras de teatro, para divertirnos. Tuvimos que acoplarnos a un nuevo estilo de vida o sería imposible seguir viviendo en él.

Al igual que a las redes las atacan los virus, así creo que nos atacan también a nosotros, justo en los momentos en los que nos encontramos vulnerables, con nuestra frecuencia baja, vibrando tan bajo que podemos enfermar de cualquier cosa; incluso de envidia, de rencor, de ira, hacernos inhumanos y comerciar hasta nuestros valores.

Hay una energía que lo mueve todo en el mundo, y que también es posible percibirla a través de esas grandes plataformas donde el amor hace magia, las familias se unen, los negocios prosperan, los cómicos llevan sonrisas a los hogares, las personas poco a poco se familiarizan con el uso de la tecnología.

Quizá se puedan ver cosas horribles a través de las redes sociales, pero también se pueden ver a las personas tratando de entregar lo mejor de sí, en beneficio de esa comunidad virtual ansiosa por compartir.

De la misma manera que el mundo evoluciona, Dios lo hace en su forma de comunicarse, y hoy está representado en la tecnología, todo ese universo de ondas, cables, fibra óptica, redes, y dispositivos. Recuerdo como a través de una zarza ardiendo se comunicó con Moisés en el Monte Horeb, a través de un ángel le anunció a María que tendría a Jesús, la Biblia ha sido su principal medio para comunicar sus mensajes y ahora a través de las redes sociales presenciamos milagros diarios: personas abocadas a prestar ayuda a los más necesitados, organizaciones no gubernamentales que prestan apoyo a emigrantes, personas que luchan por el cuidado del planeta, artistas que antes actuaban a través de pantallas televisivas, y ahora son más cercanos a sus seguidores a través del uso de las redes sociales.

Si nos enfocamos en todo esos maravillosos beneficios – bendiciones que ha otorgado el Dios tecnología, no dudaría en pensar que la mano de dios limpia los virus que a veces entran a través de esas grandes plataformas haciendo daño a las personas que son sensibles a ser manipuladas.

Nada es malo en el universo, en definitiva todo cumple un propósito, y siempre es de aprendizaje y evolución para la humanidad, solo me enfoco en la energía amorosa de Dios haciendo posible que justo ahora cuando nos tocó estar distantes, llegó el Dios tecnología para acercarnos, para permitirnos abrazos virtuales que siguen dando calor a nuestro espíritu, mensajes que siguen llegando para brindar esperanza y avivar la llama amorosa que nos diferencia de las máquinas y nos hace ser «HUMANOS».

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