DIOS CREÓ Y DIOS SE LO LLEVÓ

DIOS CREÓ Y DIOS SE LO LLEVÓ

Hay barcas vacías a la deriva; redes semi enterradas en la arena; moscas en las papeleras; principio de corrosión en los coches aparcados; una tela de araña que arranca de la marquesina de la parada del bus hasta la pata del asiento; jabalíes, en el interior del supermercado, devorando lo que desechan los perros tras desgarrar las bandejas de hígado caliente de las neveras ya muertas; balones pateados por el viento, si sopla, y conejos homenajeando a la vida en la autopista.

Hace meses, que cuando llega la oscuridad lo inunda todo. Es como si Dios se hubiese llevado lo que creó, incluido al hombre.

Fuimos avalados por instituciones de biotecnología mundial, las cuales se dedicaron a hacer una campaña publicitaria mastodóntica. A los más beneficiados no les ruborizó publicitar nuestro proyecto como indispensable. El mundo entero esperaba con ansia el 7G, y lo dijeron, lo dijimos: <<Atendiendo a la franja horaria de cada país, la aplicación será activada al unísono. Ello permitirá la transmutación, del 6G al 7G, de todos los dispositivos domóticos e informáticos de hogares, empresas y redes, evitando así errores de acoplamiento y regulación. Una vez pulsada y activada, no habrá posibilidad de incorporaciones >>.

El mundo entero se sincronizó, yo también lo hice, sin embargo, no sé por qué me siento tan solo…

Llevo una semana encerrado en mi antiguo laboratorio, es de las pocas cosas que la naturaleza no tiene cojones de invadir, demasiada radiación, supongo, y creo que al fin he dado con el problema. El caso es, que no ha sido la computadora de inteligencia artificial, la que ha dado con el quid de la cuestión. Ha ocurrido en el baño. Al principió pensé que las descargas eléctricas eran debidas a la ionización. Casi no me atreví a meterme en la bañera, pero fue el agua la que dio forma a nuestros cuerpos. Éramos dos bordes radiantes, chispeantes, por donde resbalaba el agua de la ducha, definiéndonos. La reconocí al instante, había estado enamorado de ella desde que nos presentaron en el laboratorio. No pudimos intercambiar palabras, y no sabíamos como intercambiar pensamientos. Sin embargo, éramos suficientemente inteligentes para darnos cuenta de lo que había ocurrido. Ahora nos toca a la doctora Eva y a mí encontrar a los demás.

Tanto insistimos, que nos volvimos inmateriales.

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