Desde el andén grité: ¡Papá! ¡Papá! se giro con su sombrero de cowboy, y botas de cuero; aunque el tiempo había pasado, seguía llevando la misma vestimenta.Haciendo caso omiso, y sin dar importancia alguna,permaneció inmóvil; sus ojos me miraron unos segundos, después agachó su cabeza; esperando la llegada del tren.

Supe entonces, que aún con el tiempo, seguía avergonzándose de mí. Lo defraudé, no fuí la niña que a él, le hubiese gustado tener.Le expliqué en muchas ocasiones cuáles fueron mis motivos, por los que en su día estuve en la prostitución.Pero aún así,vuelvo a ver que sigue sin perdonarme.

Se oye el ruido de un tren en la vías, ha de ser el mío, necesito salir de allí.Me adentro entre la gente, dejándolo en el andén, y con restos de lágrimas en las mejillas; me pongo los cascos para escuchar música, y así olvidarme de todo. Mis ojos caen rendidos, pasados unos minutos he llegado a mi destino.

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