«Porque soy un hombre rudo y tierno. Pero me pondré dócil, te mando uno de nariz ¡muah! Sé puntual preciosa».

En su último encuentro los rizos le llegaban a los hombros.

Quizá debió ser más paciente ¿y complaciente? (Mijita no regales «el tesorito» así no más, le decía su madre), y no escandalizar por descubrirle, esposa y chamacos; que al fin y al cabo ni conoce. Y es que cuando amas a tu hombre, lo amas y punto… -pensaba- mientras  releía entre suspiros el mensaje recibido.

Su cabellera rosa la cintura. Vómito y viajo todo el día, pero pensarlo le reconfortaba y sonreía bobamente. Ja.

No hubo flores. Tal vez no encontro un lugar más decoroso y olvidó algún detalle -pensó al entrar- , sentía un repiqueteo en el diafragma.

-¡Te amo! ¡Hasme volar!

-Eh…,eh…,eh… espera… (Iba decirle: entonces quiero ser tu cielo …)

-¡Largate!… Respondio.

Disimuladamente, desde el anden le fuma humeda, salada y viscosamente.

-Señorita, disculpe ¿tiene fuego? 

(¡Carajo!, no puede una rumiar sus pequeños dramas)

-¡Jum!Toma.

-Gracias. Y…¿espera a alguien?

Voltea con desgano pero topa una afable mirada ebano que le hace sonreír inesperadamente, apaga el cigarrillo y decide encender otro.

-Me llamo Lola…

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