La casa está quemada.

Y en ella solo quedan cenizas.

Se quemaron los recuerdos.

Se quemaron las sonrisas.

Parece deshabitada:

dice la gente cuando pasa.

Pero en las noches una luz,

muy tenue sale por las ventanas.

Aquel día de la llamarada.

La gente corría.

Los vecinos se desesperaban,

pensaban en sus casas,

que tal vez las alcanzasen las llamas.

Ningún humano, había en aquella casa.

Pero sí, una hermosa criatura

de cuatro patas,  que fue salvada

de morir calcinada.

Saltaba, jugaba, tal vez agradecía.

Y con su rabo alagaba a un policía,

que lo sacó de la casa.

Todo pasó, la llama se extinguió.

La dueña llegó, la tristeza se le notó en la cara.

Pues media casa estaba quemada.

Ella exclamó: ¡Mi perro se salvó!

Fue su única esperanza.

  

Pero a esta familia,

la visitó otra desgracia.

Y le robó a su amor de cuatro patas,

El pastor Coli, de año y medio.

Y que siempre los acompañaba.

¡Se lo robaron!  ¡se metieron  a la casa! 

Y también se robaron unas cosas,

que no alcanzaron las llamas.

¡La desgracia llega en cualquier momento,

pero que desgracia tan desgraciada!

Tu puntuación:

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS

comments powered by Disqus