Maestro, cómo puede sorprendernos algo si formamos parte de un todo- pregunté cuando caminábamos por el viejo sendero. Éste nos llevaba al lugar donde brotaba el agua constantemente y que un poco después caía por el barranco que había al lado de la casa mientras continuaba su camino hacia donde tuviera que ir en ese ciclo eterno del agua.
Al ver la cara de sorpresa de mis compañeros me vinieron todos mis miedos. Era una pregunta simple, muy simple, de principiante y yo llevaba más de cinco años en aquella escuela. ¿Cómo había podido hacerla? ¿Por qué no la hice aquellos primeros días de mi estancia en el lugar? Esa pregunta me perseguía desde que era un niño y la búsqueda de la respuesta había dirigido toda mi vida. En el colegio, en mi casa, en el instituto, en mi lugar de trabajo, en las diferentes entidades religiosas en las que había participado, en las escuelas filosóficas que había estudiado, en las comunas a las que había pertenecido y en tantas experiencias vividas durante mis continuos viajes a lo largo del mundo durante las casi seis décadas de mi existencia y siempre, siempre, para encontrar la respuesta a la pregunta.
Estaba en Montevideo cuando oí hablar de mi maestro y de sus enseñanzas en este lugar y decidí venir a encontrar la respuesta. Y ahora, después de cinco años, hago la pregunta. Cinco años son una eternidad en mi vida. Nunca he estado tanto tiempo en un único lugar. Era llegar y hacer la pregunta y si no había respuesta o la respuesta no me convencía me marchaba a encontrar la gran respuesta. Menos aquí, aquí he tardado cinco años en reunir el valor para hacer la pregunta y ¿por qué ahora y en este lugar? Hemos paseado muchas veces, he mantenido conversaciones con el maestro en innumerable número de ocasiones y me encuentro muy tranquilo aquí. No quiero marcharme. ¿Por qué he hecho la pregunta? Sé que la respuesta no me convencerá y seguiré en la búsqueda como siempre. Quería volver unos segundos atrás o quizás unas horas porque esta mañana me levanté sorprendido de cómo había amanecido el día. Esa era la respuesta al hecho de que hubiera hecho la pregunta, hoy me sorprendí. Quería hacer desaparecer la pregunta de mis labios para que el maestro no tuviera que responder y pudiera continuar con mi estancia. Seguía yo con mis miedos, cavilaciones y pensamientos cuando la voz del maestro sonó como nunca la había oído.
“El todo comprende la nada y en verdad nada puede sorprendernos, pero nos sorprende todo. Esa es la respuesta a tu pregunta y a tu propia existencia”.
Cuánto cuento cuántico
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