Las grietas del espejo

Las grietas del espejo

Luz H. Baute

26/04/2026

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Mientras la madre peinaba a la niña canturreando la vieja canción de la abuela, el espejo raído de la pared les devolvía la imagen inversa, captada en el túnel del tiempo. La imagen inesperada y punzante que solo los espejos con grietas profundas son capaces de ofrecer. Claro que la niña no se reconocía. Claro que la madre se seguía sintiendo madre, por los siglos de los siglos y a ratos. Y claro que Alguien seguiría preguntando con voz lacrimosa dónde va Alfonso XII tan triste.

—¿No me vas a contestar qué hay detrás del reloj?

—Un clavo, hija, para aguantarlo.

—No, Madre, detrás de las horas del reloj, digo.

—El tiempo, hija, el tiempo. 

Y continuaba la canción, dando por zanjado el tema.

El tiempo. El implacable. La madre trenzaba los mechones y miraba por la ventana de enfrente. Un camino que llevaba al bosque terminaba en el bosque. Al llegar donde todo era bosque solo quedaba volver atrás, al origen. Y sonreía triste pensando en el tiempo. 

Tanto tiempo se fue descolgando del reloj que ya el espejo dejó de ser espejo y su marco abraza la imagen idílica de una niña y su madre tendidas sobre el verde. Es una foto vieja, no más vieja que vieja, pero añosa y, sí, hasta pudiera parecer un espejo sacado del pasado. 

Por la ventana de enfrente la mujer mira el camino que lleva al bosque y lo atraviesa  hasta la urbanización. Camino embaldosado, con flores a los lados, de esos caminos para ir y volver. Su vista salta de la ventana a su tarea, alisa canas y las recoge para formar un moñito anodino. Siempre que peina a la Mujer le golpean las sienes las canciones más tristes del mundo. Hoy incluso le ha palpitado el Réquiem de Mozart, pero se ha detenido en la mirada expectante que le atravesó mientras le preguntó:

—¿Qué hay detrás de las horas?

—El tiempo, Madre. El implacable. El tiempo cruel. El tiempo, mi pequeña. El que vivía dentro del espejo mientras nos esperaba.

Y canturrea como si recitara una plegaria:

– ¿Dónde vas, Alfonso XII,

dónde vas triste de ti?

Voy a buscar a Mercedes

que hace tiempo no la vi.

Ya Mercedes está muerta,

muerta está que yo la vi…

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