El tamaño importa

El tamaño importa

José del Sapo

19/04/2026

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Siempre he vivido con una maldición. Bueno, no siempre. Fue des de que accedí al mercado de trabajo. Tendría unos veintitrés años. Becario. Cargaba con sueños frustrados, asignaturas suspensas y una asfixia constante. Allí me enteré de que me pasaba esta anomalía. Le pondré en contexto para que me entienda. Un día cualquiera en la fábrica. Un día anormal.

Llegaba sobre las cinco y media de la mañana. Una hora de café y conducción relajada. Las luces blancas me despejaban al entrar en planta. Las seis y fichadas. Y las salas olían a zumos tropicales. Imagíname así mismo: vestido de blanco, integral, con una máscara de protección algodonada. Solo era ojos. Hablaba solo con ojos. Y yo feliz de sentirme guapo y, al fin, bien tratado. Pero entonces empezaba la jornada. A veces hacía controles en varias salas y otras me fijaban en una máquina. Y allí, en ese cambio interno es cuando me di cuenta de la paradoja que me acechaba. La mujer de ojos picoteados me dijo que iba demasiado lento. El hombre de la voz precancerosa, que lo hacía bien. Y la jefa, que ni tanto ni tan poco. Pero todos, todos, estaban de acuerdo en algo: cuando estaba moviéndome de sala en sala haciendo controles iba muy lento. Demasiado lento. Tanto que dudaban de mi futuro laboral en el sector.

Y entonces lo entendí: ¡Ellos son mayores que yo! No se trata de ellos sino de mí. Yo soy pequeño. ¡Tan pequeño que huyo de la lógica! Ellos podían estar en un solo sitio y ser solo rápidos. Yo no. Si estaba en muchos sitios solo podía ser lento. Si estaba en uno solo podía ser lento y rápido a la vez. Según a quién preguntaras. Por eso ya no quiero salir a la calle vestido sin el uniforme. Quiero ser invisible como lo era allí. Quiero ser invisible hasta que no sea grande como ellos. Ser una cosa. ¿Guapo o feo? Una. 

Esto que le cuento es otra prueba de lo que le digo. Si uso frases largas soy más detallado y sabe perfectamente a dónde voy. En cambio, si soy escueto. Calladito. Ambiguo. Se pierde y ya no sabe a lo que me refiero. Todo pasa porque aún soy joven. Cuando crezca podré hacer ambas cosas sea como sea: con frases largas o con frases cortas.

¿Ha visto mi tatuaje? Este. Me maldijo. Sí. Es el principio de incertidumbre. Este pequeño de aquí fue el que me dio la respuesta. Ahora líbreme, por favor. Que las cintas me restriñen y duelen. Además, estando tan quieto usted no habrá entendido nada de lo que le estoy contando. Déjeme que se lo explique corriendo ahora. Verá como me entiende.

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