Me pregunto en qué bolso guarda la dignidad mi compañera de trabajo cada vez que me pone la zancadilla para entregar la tarea antes que yo.
Todo lo controla. Antes de desayunar se asegura siempre de tener entre sus manos algunos ejemplares de distintos periódicos para contrastar las noticias; es la primera en comentar los titulares del día, la primera en anunciar y advertir de las novedades, y presume de ser la primera en formarse una opinión sobre cualquier acontecimiento. A mí tanta diligencia y perfección me provoca rechazo.

El desasosiego comenzó cuando el cielo se pobló de naves extraterrestres y ningún medio de comunicación se hizo eco de la noticia. Mi compañera empezó a llorar después de recibir dos llamadas del instituto avisándole de que su hijo otra vez estaba faltando a clase.
Yo la observaba impasible y miraba expectante por la ventana, a ver si salía alguien de las naves espaciales. Me confieso deseoso de conocer la variedad de especímenes que pueblan el universo, estoy saturado de terrícolas.
Cuánto cuento cuántico
OPINIONES Y COMENTARIOS