Mirando por la ventana, sólo veía tejados y una luz que daba vida a los montes de esa ciudad que, sin avisar, había llegado a su vida, ¿o era ella la que había aparecido de golpe? Daba igual, el caso era que allí estaba, escribiendo un libro que no sabía ni por dónde empezar.
Hoy ha ido a la peluquería y casi llora al ver tantos pelos caer tras de sí, o eso pensó, pero no, el corte a lo Paz Vega le gustaba. Se sentía mujer, viva, atractiva, interesante,…ahora, que el cáncer había llegado a su cuerpo. Será que cada etapa de la vida tiene también su parte buena…
Esto es como en la pandemia, cuando nos encerraron. Todo el mundo parecía nervioso, triste e incluso aburrido. Ella no, ella dejó de fumar sin tener ni una pizca de ansiedad y se puso a escribir y a pintar. Pintó una veintena de cuadros cargaditos de color y publicó un poemario y una novela. Será que las situaciones difíciles le daban fuerza, o qué sé yo. Los publicó, sí y también expuso sus cuadros en un bar de Madrid al que nadie iba porque la gente evitaba socializar. Daba igual, lo quiso hacer y lo hizo.
Con el cáncer va a pasar lo mismo, si vierais la luz que desprenden sus ojos… Está llena de vida y con muchas ganas de hacer mil cosas…
Los momentos más complicados de nuestra vida a veces, simplemente, son una pausa, un «párate, mírate, respira», un «sé consciente». Luego valoras todo con muchísima más gratitud y estas zancadillas te dan alas para volar y transformarte en mariposa.
Eso son los momentos difíciles, experiencias que la vida te regala para transformarte, para resurgir, para volver a nacer. Porque nacemos varias veces, ¿sabéis? No sólo cuando nuestra madre nos da a luz sino también cuando salimos de todos estos baches más fortalecidos.
Y sí, de este cáncer voy a salir mariposa.
Cuánto cuento cuántico
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