Sueño Cúantico

Sueño Cúantico

2 Aplausos

0 Puntos

29 Lecturas

 He de confesar algo que esta mal visto, ya lo sé, están mal vistas tantísimas  cosas que una mas apenas será relevante. Me gusta estar solo, ya está lo he soltado una carga menos. Me gusta mi voz interior, me gusta oírme, contradecirme y hablar con mis 3 voces interiores pero  seguramente me dejo alguna en el camino. Podéis llamarme loco aunque sé que no lo estoy, o si, eso ya me resulta indiferente. 

Muchas veces me veras físicamente pero mi interior no existe para ti, ese es mio y no me gusta compartirlo, lo guardo celoso de tus intrusos ojos. Me gusta preguntarme cada ínfima cosa que pase por mi  trepidante mente, rumiarla, una y otra vez con deleite o amargor. Creo recordar que en la antigua Grecia esto que parece épico lo llamaban filosofar. Ahora lo llaman ser solitario, introspectivo, asocial, ermitaño, amargado y un chorro infinito de ignorancia. Tampoco es que me importen los calificativos eso es cosa de otros, a mi me gusta mi opinión y lo que mas me gusta es llevarme la contraria.

 Solo le pongo imagen a esas voces tan personales cuando encuentro furtivamente mi reflejo en un espejo y le sonrió o me enfado, le mando un guiño, un beso, una mueca. A mí mi cuerpo físico solo me sirve para vivir, experimentar lo que es el trascurrir por este rio infinito con dos puertos bien definidos, el nacimiento y la muerte. Todo lo demás son conjeturas propias de humanos. Si ha habido vida antes o la hay después a nosotros no nos compete, no es una cuestión a tratar en este mundo. Aunque lo si que creo con mi edad avanzada y muchas lunas llenas observadas, es que existe algo superior a nosotros. Aparece cada vez que contemplamos la inmensidad de un mar o la infinitud de una noche cuajada de estrellas, esa certeza nos atraviesa como un rayo y somos plenamente conscientes de su existencia. Sin embargo se pasa con la misma rapidez cuando volvemos a mirar nuestros propios pies. Tan pronto como vino, se fue. Pero todo cambia si en ese preciso instante miras a tu plenitud interior, ahí es donde habitas realmente, donde te hablas con toda sinceridad o te mientes, donde cada palabra que te atreves a pronunciar te lleva a otra palabra y así a una cadena infinitamente trepidante. Una idea que se enciende y se apaga, donde te forjas o te destruyes como si fueras una vela. Te pierdes entre los laberintos de tu propio Yo, y siempre que buscas fehacientemente tu verdadero Yo, este se esconde y de repente te hallas en un callejón sin salida,el cual te recuerda que perdido estas.  Muchas veces me he quedado ahí sentado llorando y pensando si merecía la pena tanto buscar, si tanto sufrimiento merece semejante lucha, pero es irónico como DIOS te da la fuerza en la misma oscilante balanza que te da la flaqueza. Él en esta vida solo te da como remo una balanza de equivalencias, donde cada cual navega apremiantemente por ese rio que nunca se detiene, zozobras como un cascarón de nuez encontrar tu propio equilibrio. Y le pregunto a ese DIOS no era suficiente con mantenerte a flote, me gustaría clamar al cielo pero sé que el tiene su propio designio. Solo somos piezas articulables en su jugada maestra. 

Lo que mas me gusta de mi Yo inmaterial son mis recuerdos, esos  retazos que albergan en mi filmoteca interior, que como un paño de algodón se van deshilachando con el mismo trascurrir del tiempo, para apenas quedar una esquina que recuerde lo que en un día fue.  Me pregunto porque son tan firmes los recuerdos de la niñez, porque son tan evocadores los olores que nos impregnan la nariz al recordarlos, los sabores que tocaron la punta de nuestra lengua bien presentes. Y en estas divagaciones me pierdo y me encuentro en una vorágine de creación continua. 

Por eso, si me ves con los ojos abiertos pero con aspecto de un muñeco de cera, no me saques de mis pensamientos con tus palabras triviales o tu cordialidad, porque mi objetivo es profundizar y cada vez descender mas abajo, a donde realmente no quiero bajar, a donde están esos entes que apestan, que no tienen forma ni color. Los demonios que hemos escondido en lo mas inhóspito de nosotros, mas oscuros que la tiniebla que nos alberga en una noche sin luna al raso y nuestros ojos fuertemente cerrados. Mi objetivo es exhibirles una vela, esa que me he forjado con mi cera maleable y descubrirlos y llamarlos por su nombre. Decirles que nunca tendrían que haber llegado hasta ahí, que son parte de mí, que he recorrido todos los laberintos de mi alma, los que me han propuesto mis voces para buscarles y acoplarles a mi ser. Porque no somos solo luz, somos todo lo que vamos recogiendo por este rio infinito mientras navegamos con ese frágil remo. Son nuestras elecciones, nuestras elecciones si, debemos llamarlas así, porque siempre podemos elegir. Aunque nos queramos engañar con que son decisiones a tientas o inducidas o precipitadas. Por eso Yo decido conocerme, no te enfades si no te respondo, no estoy enfermo o si… porque muchas veces me pongo enfermo al ver a las personas que me rodean que se han olvidado de lo que es vivir. La vida claro, es saber vivir y sobretodo saber que somos seres imperfectos y como tal nos han dado la oportunidad de aceptarlo, ya que solo tenemos el ultimo puerto seguro. Dejadme, dejadme reírme solo, enfadarme conmigo mismo, maltratarme, temerme, amarme, odiarme, desearme, encontrarme y perderme. La vida es un regalo, es un libro en blanco redactándose armoniosamente con letras divinas para que permanezca eternamente en el firmamento. Tejiéndose compulsivamente  en una tejeduría de vivencias anónimas donde los tejedores se conexionan y entrelazan en una danza  mística perfectamente rítmica. La conectividad humana es como el micelio del reino fungi, invisible a los ojos pero real  y presente en el mundo cuántico. Por eso dejadme vivir, vivir mi sueño cuántico. 

Votación a partir del 01/05

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS