La piel de los recuerdos es como los sueños al despertar.

Cuando los viertes sobre el papel mudan, cobran otro sentido.

Unas veces adquieren el valor del aprendizaje y otras juegan con los deseos o la intención. Ahí puede haber veneno y miel.

Sabes que en esa metamorfosis hay infancia, pérdida, descubrimiento y madurez.

Un cócktel donde cada trago, cada boca y cada sabor es diferente y escapa a tu control, adquiere vida propia y ya no son tuyos y con el paso del tiempo toman dimensión.


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