La Kaíta
Despertó en la gasolinera cuando el conductor pronunció su nombre, aunque no respondió porque era el primer día que lo usaba y no estaba acostumbrada. “Mari, ¿necesitas algo?” Al oírlo de nuevo se ruborizó. Parecía un secreto olvidado del que avergonzarse: sabía que aquel nombre siempre estaría asociado al abandono. “No”, dijo. Su cabeza rodaba...