Alacenas y Lumbre
La anciana se acomodó en el asiento del copiloto, colocó su pequeña maleta en el suelo apoyada contra sus piernas y se persignó antes de emprender la marcha. Salíamos temprano, apenas despuntado el día. Al principio, la anciana se mostró reservada. Contestaba con monosílabos a cada comentario que se me ocurría para romper el hielo:...