Una real metedura de pata
Para variar llegaba tarde y el sol de mediodía no hizo más que castigar mis prisas con un sudor espeso que me empapaba la frente mientras recorría, acalorado, la calle en la que habíamos quedado. Cuando por fin encontré la matrícula que coincidía con la que leía en mi móvil, me asomé a la ventanilla...