¡Sonidos coloreados! ¡Luces ásperas, aterciopeladas o duras! ¡Texturas que al tacto parecen dulces o amargas! ¡Sensaciones entreveradas de distintas percepciones!

Un pequeño caos, un fluir enmarañado de sensaciones que se confunden y superponen unas a otras.

Y. sobre todo, letras, letras de colores. Para mí, las palabras tienen color, y tienen música. Para ser más preciso, las vocales.

Todas y cada una de las vocales tienen, para mí, un color propio y determinado, que, al combinarse para formar las distintas palabras, tiñen a estas de un color, puro, si solo hay una misma vocal, o una mixtura de los distintos colores cuando se juntan varias vocales en una misma palabra.

La A es blanca, siendo roja la E, amarilla la I, azul obscura la O, y, finalmente, gris la U.

Palabras como por ejemplo alba, las percibo de un fulgente color blanco. Fenecer, del vitalista y cálido color de la sangre. Llamativa, pero no resplandeciente, siento a la palabra iris. Obscuro, y frío, me parece el vocablo color. Y, en fin, también frío, pero anodino considero a un término como luz.

Siempre me han resultado curiosas ciertas combinaciones de sonidos, ya que percibo de una manera alegre, vistosa y multicolor palabras que designan realidades del mundo que son cualquier cosa menos la sensación que me producen los colores de sus letras, de modo que me generan sentimientos ambivalentes, entre el regocijo que me produce leer su nombre, y el poco gracejo y alegría que produce su imagen real. Me refiero, en concreto, a la palabra y al animal Murciélago. Una palabra que para mí es un arco iris vistoso y llamativo, algo que es difícil poder decir de unos dignos animales poco agraciados visualmente por la Naturaleza.

Pero no es solo eso. Asociados a esos colores, también hay una música. Cada una de esas vocales viene acompañada de una suave, una tenue sonoridad, que como fondo, contribuye a dar una textura y una complejidad mayor a las palabras, que para mí resultan enriquecedoras, interesantes, y atractivas a la vista y a la lectura, proporcionándome una riqueza de sensaciones que van más allá del mero placer de leer, ya que disfruto, sintiendo, en múltiples sentidos, las palabras.

Así, las aes suenan, en mi cabeza, como una música alegre, alegre y sonora, como una fanfarria que desborda vitalidad y felicidad.

Las es y las íes, en cambio, son más solemnes, algo menos sonoras, más formales y regulares, como trayendo serenidad y orden.

Por último, las oes y las ues, que son las que con más bajo volumen percibo en mi mente, son tristes, y tétricas, aportando el lado melancólico a mi visión de las letras y de las palabras.

Quizás sea algo habitual, y muchas otras personas tengan sensaciones parecidas cuando leen o escuchan palabras, pero lo cierto es, que para mí, leer, hablar o escuchar es una actividad que me resulta muy estimulante, ya que yo disfruto y juego con las palabras, porque tienen, para mí, una belleza única.

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