Dos corazones, una ilusión.

Dos corazones, una ilusión.

Ya te vas, con el corazón herido, arrastras tus maletas por el andén como si arrastraras tus penas raspándolas contra el piso para dejar en él tu dolor.

Yo corro por el mismo andén buscando otra cara que también se va. Te alcanzo, y antes de rebasarte choco contra dos sujetos que corren en zigzag con sendas maletas en las manos y disparando hacia atrás.

Es una balacera entre policías que puentean droga sobre la aduana contra otros que los persiguen: «fuera del camino, imbécil», me gritan arrojándome hacia ti. Me recibes en tus azorados brazos. Nos tambaleamos en una danza macabra. Los disparos tejen una red de muerte a nuestro derredor.

Trastornado y perturbado te abrazo y te beso, confundiéndote con la que vine a buscar, tú, perturbada también, correspondes a mis caricias tomándome por quien debía venirte a alcanzar. Siento el dolor de tu brazo apretándome el costado, y tú, aunque no me aprietas sientes el dolor en tu bíceps como si lo hicieras. Una bala atravesó tu brazo y entró en mí. Caigo desvanecido en el andén y conforme caigo veo tu rostro maquillado de sorpresa, de compasión y de dolor, por mi.   

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